Maly Iremel (1.449m) y Bolshoy Iremel (1.582m) desde Tyulyuk (570m)

Tiempo Total 8 horas 11 minutos
Distancia 32,71 km
Altitud Máxima 1.582 m
Altitud Mínima 567 m
Desnivel Positivo Acumulado 1.292 m
Desnivel Negativo Acumulado 1.294 m
Regiones Rusia

Los Montes Urales son una extensa cadena montañosa que separa geográficamente la Rusia occidental de la oriental, atravesando numerosas repúblicas, una de ellas la República de Bashkortostán, donde vive mi familia rusa. El monte más alto de esta república es el Yamantau, pero su acceso está restringido militarmente, hecho que relega la máxima popularidad sobre el Bolshoy Iremel, de altitud ligeramente inferior pero muy frecuentado.

El jueves por la tarde salimos hacia Ufa, directos a un restaurante en el centro para reunirnos con los amigos de Irina. Tardamos unas tres horas, como habíamos previsto. El restaurante era muy bonito y el menú prometía, pero después de todo salimos con una sensación de mal servicio. De allí nos fuimos a casa de Anya para directamente echarnos a dormir.

El viernes nos levantamos temprano y bajamos a desayunar. Después probé un pincho de Anya para poder trabajar. Curioso el invento. Un pincho que se conecta por USB y sólo recibe corriente, actuando como punto Wi-Fi para el ordenador e incluso para cualquier otro dispositivo cercano. Muy curioso. La mañana estuvo tranquila. Después comimos algo y hacia las cuatro nos despedimos para salir hacia Tyulyuk.

En lugar de tres horas tardamos cinco y media. La M5, que se supone una de las arterias principales del país, no es más que una carretera de doble sentido plagada de obras, semáforos y camiones. Y al dejarla el trayecto va empeorando por momentos, hasta el punto de acabar en una carretera llena de agujeros donde para rematar, comenzó a llover.

Llegamos a Tyulyuk de noche, sobre las 21:30. Al menos las indicaciones que había recibido Irina eran correctas y encontramos el alojamiento a la primera. La primera noche la habíamos reservado en un molino, dentro de un complejo turístico de más casas. La parte superior del molino era para nosotros. Circular, de madera, con tan sólo una habitación. Descargamos las cosas en medio de la lluvia y Nadia preparó algo de cena. Luego nos echamos a dormir.

El sábado, hacia las ocho no llovía, pero un rato más tarde comenzó a llover. Desayunamos y salí temprano. La previsión del tiempo para un pueblo cercano decía que llovería hasta las doce pero luego pararía.

Salí hacia las 9:30 lloviendo. Crucé un puente para acceder a la carretera principal, usada por las furgonetas para subir unos kilómetros a los excursionistas hasta un punto donde termina y se convierte en pista.

La carretera se recorre con tranquilidad. Asciende lentamente ganando unos metros de desnivel para terminar en un punto donde una rotonda permite dar la vuelta. De allí a la derecha sale una pista que todavía podría ser transitada por vehículos. Durante un rato largo esa pista lleva hasta un puesto en el que hay una valla y una caseta, y algo más adelante gente haciendo brasas y posiblemente acampando. De allí salen dos caminos. El de la izquierda sube hacia el Maly (Pequeño) Iremel y el de la derecha al Bolshoy (Grande) Iremel. Yo cogí el de la izquierda. Ese camino se va haciendo cada vez más estrecho, pero está bien señalizado.

Tras rato de subida el camino bifurca y hacia la derecha se hace evidente. Pero esa dirección sigue hacia el Bolshoy Iremel y hay que tomar la izquierda. Allí me despisté un momento. Volví atrás para seguir hacia arriba. Ese camino se convierte en estrecho sendero y en algún momento se hace muy difuso. Está claro que al Maly Iremel no sube mucha gente. Los últimos tramos son muy estrechos, casi de hierba pisada, hasta que desaparece la hierba. Entonces sigue siendo estrecho pero algo más visible, por una zona más despoblada, hasta alcanzar una pequeña subida.

Esa subida hace pensar que tras ella se accede a una meseta donde encontrar el punto alto del Maly Iremel. Tras la subida hay que andar unos cientos de metros en llano, y con la niebla me sorprendió de repente ver la silueta de una pequeña masa rocosa de unos veinte metros de altura que corresponde al punto más alto. Es toda una sorpresa encontrarse aquello, sobre todo con niebla. La subida a las piedras no es nada, pero desde luego es algo más que un mojón en medio de una meseta.

Y después de subir por unas piedras, en la cima encontré un palo con telas marcándola. Saqué unas fotos mientras el tiempo empeoraba. Bajé enseguida deshaciendo mis pasos. Durante la bajada llovía cada vez más y empecé a estar calado de verdad. Lo curioso es que hasta ese momento el chubasquero azul de papel de fumar iba aguantando muy bien.

Bajé de la meseta y volví por mis pasos hasta un desvío en el que tomé el camino de la izquierda y empecé a correr. Ese camino está más claro que la subida, pero el sendero era un riachuelo constante. Era imposible evitar el agua, así que ya de perdidos corrí cuesta abajo pisando por cualquier parte, con los pies empapados y por tramos bastante fríos. Pero bajando a gusto. Bajé y bajé corriendo hasta cortar con el sendero principal que se dirige hacia el Bolshoy Iremel. En ese sendero cambié el agua por el barro. Y de igual manera, ya fui sin cuidado pese a tener algo de frío.

Seguí unos kilómetros sin pérdida. El sendero bifurca más adelante y tomé la rama de la izquierda, la que lleva a la base de la montaña. Llegué a ella y vi ante mí una pendiente de piedras. El sendero desapareció y comencé a subir por la piedras, saltando entre ellas. Las zapatillas que llevaba estaba claro que no eran las mejores para ese terreno y la piedra estaba muy mojada, pero subí con mucha energía, como si algo me empujara por detrás. Es una subida de unos doscientos metros de desnivel pero la subí sin apenas cansarme. Uno de esos días...

Cuando llegué arriba tuve que recorrer unos metros en llano hasta llegar a la cima. La cima está decorada con palos y telas, y curiosamente vi a un grupo de personas por allí. Todas ellas con vestimenta poco apropiada, pero sin que parecieran tener prisa por bajar pese a que el tiempo era muy malo, con mucha niebla y lluvia. Llegué a la cima y saqué unas fotos para enseguida bajar por la normal.

Tomé la normal ayudándome del GPS. A veces por sendero de barro, a veces entre riscos. Los riscos estaban muy resbaladizos y en uno de ellos patiné y me golpeé la rodilla. Cosas que pasan. Seguí bajando deprisa porque tenía algo de frío. El camino de bajada cada vez se hacía más sucio, con más barro, y cada vez me fui cruzando con más gente subiendo, todos ellos mal equipados cual domingueros. Pero parecía que a ellos tampoco les importaba el nefasto tiempo. Era curioso verles subir cuando arriba no paraba de llover y todo estaba cubierto por niebla.

Seguí bajando y bajando y cada vez el camino tenía más barro. Ya no miraba dónde pisar porque tenía barro por todas partes y los pies calados, y al ir bajando la temperatura subió algo y ya no tenía tanto frío. Me crucé con cientos de personas. Entré en el bosque y seguí bajando. Lo cierto es que estaba siendo una bonita experiencia, y fue una de las pocas veces en las que sentí que debía volver con buen tiempo.

Llegué al desvío donde crucé el río. Había agua, humedad y lluvia por todas partes, y no sólo gente joven sino ancianas subiendo y bajando, con sus botas de goma y sus chubasqueros de plástico, y la bolsa del supermercado en la mano, sin prisa, incluso parándose en mitad del camino a coger setas.

Seguí por el sendero hasta llegar al puesto del principio, pasando cerca de gente que salía de sus tiendas de campaña para cocinar algo a la brasa, con toda aquella humedad. Y de allí deshice la pista hasta el punto donde aparcan las furgonetas, todo eso ya con mejor aspecto, aunque aún con barro. De allí sólo me quedaba llegar hasta el pueblo por la carretera, que no está asfaltada y estaba plagada de agujeros llenos de agua que era difícil sortear por los laterales, pero lo hice corriendo durante muchos tramos porque estaba deseando llegar.

Después de unas ocho horas llegué al pueblo y no había dejado de llover. Saqué unas últimas fotos, crucé el puente y llegué a nuestra nueva casa, una cerca del molino ya que éste estaba ocupado para el día siguiente. Esa casa tenía una habitación, una sala y una cocina antigua. La cocina era de leña y las paredes calentaban toda la estructura. Como siempre, hacía un calor de muerte dentro. Nadia e Irina me recibieron y me ayudaron a cambiarme la ropa mojada. Comí algo caliente y entré en calor rápidamente. No hay nada como pasar el día en frío para llegar a una casa caliente. Posiblemente esto es lo que haga que a los rusos no les importe pasar frío.

Por la tarde descansé y por la noche nos fuimos al café del pueblo a comer algo. Comimos una sopa y un par de ensaladas buenísimas antes de dormir.

El domingo nos levantamos temprano, sacamos unas fotos y nos pusimos en marcha. Ocho horas y media sin parar mas que a comer algo. Todo el día conduciendo sin pasar por Ufa. Cuando llegamos a Pryutobo fuimos a casa del Tío Sacha para celebrar su cumpleaños, comiendo carne a la brasa y bebiendo vodka.

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