Corredor de los Franceses al Anayet (300m, D-) y Anayet (2.574m) desde Aparcamiento Portalet de la Estación de Esquí de Formigal (1.760m)

Tiempo Total 10 horas 14 minutos
Distancia 12,9 km
Altitud Máxima 2.581 m
Altitud Mínima 1.748 m
Desnivel Positivo Acumulado 959 m
Desnivel Negativo Acumulado 951 m
Regiones HuescaAragónEspaña

Ya le había echado el ojo a este precioso corredor cuando nos acercamos un par de veranos antes para subir escalando al Anayet por la también preciosa vía Balcones de Anayet. No es un corredor difícil, pero sí es muy emblemático y tiene un gran ambiente.

Hay que madrugar mucho para llegar a la base del cono preferiblemente al alba si no te quieres hundir en una nieve sopa rápidamente, ya que por su orientación al corredor le pega bien el sol desde primeras horas de la mañana.

El acceso más rápido se realiza desde el Aparcamiento de los Sarrios de la Estación de Esquí de Formigal, pero los amables señores dueños de la estación cierran el acceso desde la parte inferior en el Corral de las Mulas y no lo abren hasta las siete de la mañana, por lo que desde allí no te queda otra que tragarte unos cuantos kilómetros de carretera si vas muy temprano.

Otra opción es subir algo más hasta el Aparcamiento del Portalet y echar a andar pistas arriba hasta el Puerto de Canal Roya, cruzando después todo Canal Roya para salir a los Ibones de Anayet. El inconveniente de este recorrido es que hay que realizar una trepada antes de llegar a los ibones, que queríamos evitar a ser posible.

Así que una tercera opción, que es la que tomamos esta vez, sale también del Aparcamiento de Portalet y tira pistas arriba, pero va dirigiéndose más hacia el Sur dejándolas más adelante para rodear el Espelunciecha por su vertiente meridional y salir al collado de los Ibones de Anayet por donde lo hace el GR-11 que discurre por el Barranco de Culivillas, perdiendo la menor altura posible. Es un itinerario más largo que el primero, pero la verdad es que es muy cómodo.

Llegando al collado de los ibones vimos unas luces que subían por el Barranco de Culivillas, y dedujimos que claramente iban a lo mismo. Nosotros seguimos tranquilamente por toda la meseta de los Ibones de Anayet y llegamos a la base del cono unos minutos antes de que comenzara a amanecer. Nos comenzamos a preparar y al rato llegó esa pareja, que efectivamente iban también a hacer el corredor.

Comenzamos a ascender ya con luz por el cono, primeramente prácticamente andando mientras la pendiente se comenzaba a agudizar. La nieve estaba estupenda, la temperatura era muy agradable y el día iba a salir fantástico, así que no podíamos pedir más.

El corredor al principio es muy sencillo. Tiene cierta inclinación pero con lo bien que estaba la nieve ni siquiera nos encordamos hasta llegar mucho más arriba, a un resalte que le da la dificultad. Este resalte estaba prácticamente al aire. Sólo había una pequeña chorrera de hielo en la parte derecha que no se podía utilizar para subir, así que montamos reunión unos metros más abajo aprovechando una cinta con parabolt que hay en la pared derecha.

El resalte por la roca es bastante vertical. Yo diría que tiene 80 grados, aunque creo que otras reseñas no lo mencionan así. En cualquier caso, si no son 80 se acerca bastante. Vista desde abajo la roca parece escalonada y sencilla, pero ya en la pared hay que dedicar unos minutos a pensar cada paso. Tal vez en nuestro caso se pudiera graduar como IV+ por la mezcla que tenía de nieve en la parte inferior y la superior y el poco hielo de la parte derecha, aunque me dio la sensación de que con algo más de hielo se podría utilizar la chorrera para superar el último tramo de una forma algo más sencilla. En cualquier caso, con un mínimo de paciencia no es un resalte complicado, y es precisamente lo que le da un poco de gracia a la ascensión.

Superado el resalte seguimos hasta el final del corredor en ensemble, metiendo un par de seguros intermedios en la roca de la parte derecha simplemente por meter, generalmente por ver algún lazo, clavo o alguna grieta perfecta para meter un friend mediano. Si no hubiéramos metido seguros tampoco habría pasado nada, aunque la verticalidad del segundo tramo es algo más pronunciada que la del primero.

La otra pareja nos seguía algo más abajo. Pese a haber madrugado, en los últimos metros del corredor la nieve ya estaba pastosa y desagradable. Justo antes de llegar al pequeño balcón donde concluye tuvimos que pelearnos bastante con una nieve que se descomponía a nuestros pies y en la que no se podían clavar los piolets.

Tras finalizar el corredor todavía quedan unos cientos de metros hasta la cima, que afortunadamente discurren por la cara Norte, a la sombra. Este tramo todavía tiene bastante patio, pero no es tan inclinado como el propio corredor. Por allí subimos también en ensemble, metiendo un par de friends medianos en alguna grieta, sin mayor complicación.

En la cima nos dedicamos a comer un bocadillo de tortilla de los de antes y unas buenas tajadas de lomo (¡a la mierda las barritas!), y a disfrutar del maravilloso día sin ninguna prisa. En total estuvimos 45 minutos allí parados, mirando mientras tanto de vez en cuando para ver si la pareja asomaba por la cara Norte, sin ver a nadie.

Comenzamos a descender encordados por la normal, repleta de nieve muy pastosa hasta llegar a la cadena, donde el tramo de roca estaba seco y limpio, por lo que no nos supuso tampoco mayor problema. De allí descendimos la rampa de nieve hasta algo antes de llegar al Cuello del Anayet, donde hay un bloque rojizo de roca muy característica, para recoger la cuerda.

Pasado el collado Alfredo se separó para volver a la base del corredor a recoger nuestros bastones mientras yo me dirigí tranquilamente por todo el plateau de los ibones hacia el collado que entra en el Barranco de Culivillas, cruzándome con un esquiador que también estaba por allí disfrutando del día.

Cuando Alfredo se reunió conmigo llamamos al Greim porque no habíamos vuelto a ver a la pareja y estábamos preocupados por ellos. La Guardia Civil nos dijo que iban a evaluar la situación y finalmente decidieron no hacer nada, pero desde nuestro punto de vista pasados 45 minutos en la cima y teniendo el amplio campo de visión que teníamos desde el collado, era fácil pensar que les pudiera haber pasado algo, así que nunca está de más al menos avisar.

Desde el collado tiramos más o menos por donde habíamos venido, pero esta vez a algo más de altura a media ladera siguiendo algunas huellas de esquiadores, para no tener que perder tanto desnivel. Durante ese tramo la nieve ya estaba insoportable en algunos momentos, así que armados de paciencia y con toda la chicharra matutina llegamos a las pistas y de allí ya tranquilamente hasta el aparcamiento para completar un fabuloso día al que no le pudimos poner ninguna pega.

Para finalizar la jornada, nos acercamos como de costumbre a zamparnos una hamburguesa a la brasa en el restaurante del Cámping de Escarrilla, para de nuevo quedarnos con las ganas debido a una pequeña confusión (ya son incontables las veces que nos hemos quedado sin una de esas hamburguesas últimamente). En cualquier caso, los menús de allí tampoco están nada mal.

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