Kilimanjaro (5.892m) desde Machame Gate (1.798m) finalizando en Mweka Gate (1.630m)

Tiempo Total 5 días 23 horas 44 minutos
Distancia 58,59 km
Altitud Máxima 5.896 m
Altitud Mínima 1.624 m
Desnivel Positivo Acumulado 5.604 m
Desnivel Negativo Acumulado 5.765 m
Notas Kilimanjaro - Ruta Machame
Regiones Tanzania

Kilimanjaro - Ruta Machame

Distancia: 57 Km.

Desnivel positivo acumulado: 4148 m.

Desnivel negativo acumulado: 5005 m.

Dificultad: Difícil. Técnicamente la ruta es muy sencilla, pero la altitud y la distancia son determinantes, aparte de las circunstancias en las que se realiza (frío, falta de sueño, incomodidad de los campamentos, la dichosa sopa de pepino...).

El Kilimanjaro no es realmente una montaña, sino un grupo montañoso formado por tres volcanes: el Shira, de 3962 metros de altitud, el Mawenzi, de 5149 metros, y el Kibo, cuya cima, el Uhuru, de 5895 metros, es el punto más elevado de África. No tenía ni idea de esto. La de cosas que se aprenden viajando.

Vamos a ir por la ruta Machame, que se puede hacer en seis o en siete días. Nosotros iremos en siete, para tener mejor aclimatación. Total, esto va a ser una vez en la vida, así que más vale hacer las cosas con margen, no vaya a ser que nos dé un chungo y no lleguemos. La bajada la realizaremos por la ruta Mweka.

El equipamiento que voy a llevar es el normal que llevaría en cualquier montaña. Ni piolet ni crampones, porque no vamos ni a pisar nieve, y más cosas de abrigo de lo normal, más que nada porque desde la agencia te asustan un poco con el tema del frío. Luego tampoco es para tanto, pero por si acaso… No llegué a ponerme todo encima.

Me vacuné solamente de hepatitis B. El resto de las vacunas, o ya las tenía, o no eran necesarias. Por lo que hablé con el resto del grupo, parece que en cada sitio aconsejan una cosa distinta. No llevé nada contra la malaria, aparte de Relec para los mosquitos en Moshi, y tampoco para el mal de altura. Paso, vamos a aclimatar bastante bien.

Pues allá que vamos a Tanzania, vía Etiopía. Vamos con Kilimanjaro Heroes Adventures. ¿Es buena o mala agencia? Yo no tuve ningún problema con ellos. Las tiendas podían haber estado un poco más nuevas, pero aparte de eso, se portaron fenomenalmente. Supongo que todas las agencias serán más o menos por el estilo. Llevamos un guía, un par de asistentes, un cocinero y veinte porteadores para subir las tiendas, la comida y los aparejos de los siete del grupo.

En Moshi nos alojamos en un hostal que pertenece a la ONG ‘Born to Learn’, el Karibu Hostel, www.karibuhostel.com/es. Es una ONG creada por una madrileña, que se largó para allá y montó la organización. Ha creado una escuela para los niños que no tienen acceso a escolarización. Los beneficios del hostal van destinados a mantener todo esto. El último día fuimos a ver la escuela, y es impresionante ver cómo han montado aquello en medio de una descomunal plantación de caña de azúcar. Muy recomendable alojarse allí, y visitar el cole para ver lo que han creado.

Día 1: De Machame Gate a Machame Camp

Distancia: 9,7 Km.

Desnivel positivo acumulado: 1264 m.

Tiempo empleado: algo más de cinco horas.

Después de un movidito viaje en camioneta, llegamos a Machame Gate, el inicio de la ruta. Aquí tenemos que esperar un montón antes de empezar a andar. No sabemos por qué… No parece que tengan mucho estrés por aquí, así que hay que tomarse las cosas con calma.

La entrada al parque del Kilimanjaro cuesta ¡800 dólares! No parece que a la empresa le quede luego mucho beneficio después de pagar ese pastizal.

Al cabo de unas horas por fin nos ponemos en marcha. La tónica habitual de toda la subida va a ser ‘pole pole’, es decir, ‘despacio’. El ritmo al que suben los guías es absolutamente cansino. Es tan lento que a veces se pierde el equilibrio entre un paso y el siguiente. Pero bueno, se trata de que la altura no nos afecte, así que hay que ir a este ritmo. Y no paran de repetirlo a lo largo de todas las etapas.

Aparte del ritmo, también insisten sin parar en que hay que beber mucha agua. Cada día nos dan tres litros, que previamente han hervido, y nos dan la lata sin parar para que nos los bebamos. A la mayoría nos resulta imposible beber tanta agua, aunque lo intentemos. El día que más bebí tal vez conseguí acabarme un par de litros.

Hoy nos dan una especie de tentempié ligero para antes de empezar a andar. La cena ya la haremos en Machame Camp.

El camino es fácil y cómodo. Atravesamos un bosque tropical. Árboles enormes por todas partes, helechos, lianas… Todo el día estamos rodeados por vegetación exuberante, no vemos el cielo en ningún momento. Solo al llegar al campamento descubirmos que está completamente encapotado.

La planicie en la que acampamos está despejada de árboles. Si no hubiera nubes, podríamos ver lo que nos espera mañana, pero lo normal va a ser que según avanza el día las nubes lo cubran todo. Solo por las mañanas tendremos buenas vistas.

Las tiendas siempre nos esperan montadas. Solo tenemos que preparar el saco y esperar a que nos llamen a la tienda comedor para cenar. Los porteadores nos ofrecen palanganas para lavarnos los pies… Un lujazo.

Para cenar hay sopa de pepino, muy rica, y luego arroz o pasta, siempre con algo de verduras. De vez en cuando, si llegamos con tiempo al campamento, tomamos té con palomitas. Curiosísimo esto.

Día 2: De Machame Camp a Shira Camp

Distancia: 4,7 Km.

Desnivel positivo acumulado: 882 m.

Tiempo empleado: cuatro horas y media.

Nos despertamos rodeados de unos cuantos cuervos enormes, los más grandes que he visto en mi vida, que se pasean tranquilamente por ahí, robando todo lo que encuentran a su paso. Deben de estar completamente acostumbrados a la gente, porque les da igual todo. Lo único que hacen es meter el pico en todas partes a vez qué cazan. Y se llevan bastantes cosas, ojito…

De desayuno nos ponen las gachas esas que llaman porridge, y las vamos a tener en abundancia todos los días. Una cucharada está bien, pero más cansa. Y nos vamos a cansar de esto… Aparte de eso hay tostadas y cosas así.

Y nada, vamos para arriba. Hoy el paisaje ha cambiado bastante. Los grandes árboles van desapareciendo, y la vegetación se vuelve menos abundante. Eso nos permite disfrutar de las vistas que ayer nos tapaba el bosque. Aunque tampoco mucho, porque hay bastantes nubes altas. Ni siquiera podemos ver el Meru, que debería estar por allí al fondo, a mano derecha.

Afortunadamente por abajo está despejado, y podemos ver toda la selva que subimos ayer. Espectacular.

Un rato más tarde las nubes nos alcanzan y ya no vemos casi nada, aunque aparecen los primeros senecios, unos árboles extrañísimos típicos de aquí. Aún están un poco esmirriados, pero los que veremos más arriba son una cosa tremenda.

En Shira Camp ya casi no se ve nada. Aquí nos llevan a ver una cueva en la que antiguamente se acampaba y en la que ahora está prohibido. Luego podemos ver un atardecer espectacular con el Meru al fondo, medio visible entre las nubes. Una cosa alucinante.

Otra vez sopa de pepino para comer.

No hace mucho frío, basta con ir un poco abrigado.

Día 3: De Shira Camp a Barranco Camp

Distancia: 9,8 Km.

Desnivel positivo acumulado: 859 m.

Desnivel negativo acumulado: 722 m.

Tiempo empleado: siete horas y media, con paradas.

El amanecer aquí es la pera. Por abajo tenemos un mar de nubes, las que luego nos alcanzarán, como siempre, pero que ahora están en el sitio perfecto para que esto sea un espectáculo. El Meru está rodeado por toda la base por las nubes, y las vistas desde el campamento son perfectas.

También podemos ver lo que queda hacia arriba. Se ve adónde tenemos que llegar, y eso siempre está bien.

Luego nos ponen el porridge ese, y la cosa decae un poco.

Ya no hay árboles. En esta altitud solo encontramos yerbajos, arbustos y muchas rocas con musgo amarillento. Con la niebla todo adquiere un aspecto tétrico que me encanta. Tampoco hoy vemos gran cosa.

Subimos hasta Lava Tower, a 4600 metros, con la idea de aclimatar. Está medio lloviendo, así que agradecemos entrar en la tienda para comer. Lo malo es que hay otra vez sopa de pepino, mecachisen.

Nos quedamos aquí algo más de una hora y seguimos hasta Barranco Camp, bajando hasta unos 4000 metros.

Ahora sí que se ven unos senecios enormes. Son los árboles más raros que he visto nunca. Y también hay lobelias, otra planta que llama mucho la atención. Son una especie de piñas enormes. Es un paisaje extrañísimo hasta llegar al campamento.

Shira Camp es como todos los demás campamentos. Las tiendas de los grupos desperdigadas, las letrinas apestosas en las que parece que la gente no tiene mucha puntería…

Una rica sopa de pepino, buf, y al saco.

Día 4: De Barranco Camp a Karanga Camp

Distancia: 4,5 Km.

Desnivel positivo acumulado: 455 m.

Desnivel negativo acumulado: 400 m.

Tiempo empleado: cuatro horas.

Hoy la jornada va a ser muy corta. Como vamos a hacer la ruta en siete días, pararemos en Karanga Camp, donde seguramente nos den sopa de pepino. Este es el campamento que se salta si la ruta es de seis días.

El día amanece muy despejado. Tenemos la montaña al alcance de la mano, justo ahí. No se ve la cima, pero ya se aprecia lo poco que va quedando.

Lo primero que nos toca es subir Barranco Wall. Un paredón de algo más de 200 metros que a primera vista parece una locura, pero que como suele ocurrir luego no tiene mayor complicación. Se necesitan un par de apoyos de manos y poco más.

A partir de aquí nos vuelve a alcanzar la niebla. El camino va descendiendo progresivamente, hasta la pequeña subida final antes de Karanga Camp.

Aquí las vistas de la montaña ya son de locura. Ni siquiera la sopa de pepino molesta.

Bueno, igual un poco sí...

Día 5: De Karanga Camp a Barafu Camp

Distancia: 3,5 Km.

Desnivel positivo acumulado: 650 m.

Tiempo empleado: tres horas.

Ya estamos a cuatro mil metros de altitud. De momento el mal de altura no me ha pasado apenas factura. Un poco de dolor de cabeza alguna tarde, que desapareció por la noche, y nada más. El paso cansino y el beber tanta agua parece que funcionan, por lo menos conmigo.

Amanece como siempre, con unas vistas de infarto. Sin nubes por arriba, todo cubierto por abajo. Lo del mar de nubes no cansa nunca. Después del porridge, puaj, hay sesión de fotos.

Además se ve perfectamente lo poco, relativamente, que nos queda para la cima. Eso anima a cualquiera.

Ya no hay ni pizca de vegetación, solo piedras. Se nota que esto es zona volcánica.

Al este se ve el Mawenzi, uno de los tres volcanes que componen el Kilimanjaro. Por fin sin nubes, las vistas a lo lejos son alucinantes. Podemos ver toda la planicie hasta la montaña y mucho más allá.

La jornada ha sido corta y llegamos enseguida al campamento. El resto del día hay poco que hacer, salvo descansar lo que se pueda. Esta noche nos levantan a las once, madre, y tiraremos para arriba.

Hace mucho sol, cosa que a mí no me gusta nada, y dentro de la tienda el calor es inaguantable. Esta noche hará frío, pero ahora no aguanto la temperatura. Casi estoy deseando que se haga de noche. Aunque eso signifique que llega la sopa de pepino...

Día 6: De Barafu Camp a la cima y a Mweka Camp

Distancia: 16 Km.

Desnivel positivo acumulado: 1040 m.

Desnivel negativo acumulado: 2840 m.

Tiempo empleado: dieciséis horas y media.

Y llegó el gran día. Qué nervios… Todo el viaje hemos estado pensando en esta jornada, realmente la única con algo de chicha, más que nada por la paliza que supone el madrugón, el cansancio acumulado, el frío y la altitud.

A las once de la noche nos levantan. Algo he dormido, pero no sé cuánto. Un par de horas, tal vez. Me visto así un poco a ciegas por el sueño que tengo, y me pongo bastante ropa. Luego notaré que me sobra, como me imaginaba. Pero como te dan tanto la lata con el frío… Con una camiseta, forro, cortavientos y gore me habría bastado. Pero bueno, es cierto que frío hacía, claro.

Tomamos un desayuno rápido, ¡sin porridge esta vez!, y empezamos a andar. Si hasta ahora el paso con que nos llevaban era cansino, el de hoy es demencial. Más despacio aún. Y como no vemos tres en un burro, porque es noche cerrada, vamos más juntos. Un paso. Parada para no chocarte con el de delante. Otro paso. Otra parada. Y así unas veinte mil veces.

La subida se hace dura, la verdad. Ya se nota lo largo que ha sido el viaje. No amanece ni a tiros, y como no se ve nada, no tenemos referencias de ningún sitio. Lo único que puedo hacer es mirar de vez en cuando el gps para ver la altitud, pero viendo que la cosa no avanza mucho, lo dejo. Ya llegaremos, digo yo.

Y por fin, al cabo de cien horas, parece que va amaneciendo. Por el horizonte se adivina una luz rojiza, que hasta ahora había tapado el habitual mar de nubes. Pero sí, va a amanecer, y el espectáculo es brutal. Como siempre, pero hoy más. Todo vale la pena por ver esto. Incluso la sopa de pepino.

En la última parada para beber, los guías nos sacan té. Algo deben de haberle echado, porque a todos nos sienta fenomenal, y la última subida hasta Estella Point la hacemos encantados. Ni frío ni cansancio ni nada.

Desde aquí, en el borde del cráter, descansamos un rato hasta que amanece del todo. Pues ya casi está esto. A lo lejos se ve el Uhuru, el punto más alto. Nos queda apenas una hora a paso tranquilo hasta allí.

Venga, vamos para allá, que total, poco más queda por hacer aquí.

Y pasito a paso nos acercamos a la cima, viendo lo poco que queda de los glaciares. Es una pena. Esto hace cincuenta años tenía que haber sido soberbio. Son rarísimos, los glaciares. Parece que los han puesto ahí en medio sin más.

¡Cima! Ya era hora, qué paliza nos hemos metido.

El cartel que hay ahora se parece al antiguo, aquellos tablones de madera con aspecto viejo. Por lo visto lo cambiaron, y colocaron uno más moderno (y feo), y la gente se quejó tanto que lo volvieron a cambiar y pusieron este, más del estilo del que había antes.

Venga, un cerro de fotos, un rato aquí mirando todo esto, y a pensar en los casi 3000 metros que tenemos que descender ahora… Mae mía, lo que falta aún.

Pero la bajada no se hace tan larga, ni tan pesada. Será por la emoción del momento.

Volvemos a Barafu, allí descansamos un rato, supongo que nos darían algo de sopa de pepino, ya no recuerdo, y seguimos hacia Mweka Camp. Por esta ruta no se sube, solo se baja. Nos dijeron que por el desnivel, que es tan exagerado que no permite aclimatar correctamente. Solo suben para traer suministros a los campamentos.

Durante la bajada nos vuelve a sorprender la niebla. Pero ya da igual, lo hemos visto todo.

En un punto del camino nos encontramos con unas cuantas camillas antediluvianas que sirven para acarrear a heridos y enfermos. Con este camino de cabras, tiene que ser bastante curioso ver algo así.

Cruzamos High Camp sin detenernos, y para cuando llegamos a Mweka volvemos a estar rodeados de selva, de todo lo que hemos bajado.

Qué gusto el lavado de pies en el pilón…

¡Venga una sopita de pepino para recuperar fuerzas!

Día 7: De Mweka Camp a Mweka Gate

Distancia: 8,2 Km.

Desnivel negativo acumulado: 910 m.

Tiempo empleado: tres horas y media.

La última etapa del viaje es tranquila. Ya no tenemos que ir pole pole, así que cada uno va a su bola disfrutando de los últimos quilómetros del Kilimanjaro.

El sendero se parece al de la primera etapa. Selva tropical, mucha vegetación, mucho verde.

Y para acabar de rematarlo, encima tenemos la suerte de ver monos. No se muestran mucho, pero nos rodean en el camino. Primero vemos unos oscuros, y más tarde uno chulísimo, con largos pelos blancos. No se puede pedir más.

Al llegar a Mweka Gate nos espera el coche que nos devuelve a la civilización. Qué pocas ganas…

Al día siguiente hacemos una pequeña excursión a ver unas cascadas. Un paseo agradable. Las cascadas son bonitas también, pero no recuerdo el nombre…

El día de la vuelta cogíamos el avión por la tarde, así que empleamos la mañana en acercarnos al colegio que ha creado la ONG. Vamos en la misma furgoneta en la que van los voluntarios todos los día. Algunos van a dar clase, otros a ayudar en la construcción del colegio, que está a medias aún.

Está bastante lejos esto, tardamos un buen rato en llegar. El colegio está en medio de una enorme plantación de caña de azúcar. Pero enorme, eh. Dentro de la plantación hay pueblos, donde viven los trabajadores. Descomunal.

El terreno del colegio es de la ONG, y se ve que se lo están currando. Tienen ya levantados varios edificios donde dan las clases, otro para los baños y la cocina. Me sorprendió mucho enterarme de que las paredes las hacen con botellas de plástico en vez de con ladrillos. Las rellenan de tierra, la apelmazan y eso es lo que usan. Una pasada.

A la vez que dan clase, están construyendo un nuevo módulo para el curso que viene.

Fue realmente agradable ir a ver el colegio, y da gusto ver que hay gente que voluntariamente dedica parte de su vida a ayudar a los demás, y que esa ayuda acaba en algo tangible.

Y hala, a casita.

Hitos

Listas relacionadas

Comentarios

Ningún comentario

¿Te gusta esta actividad? Crea una tú mismo fácilmente.