Punta Tobacor (2.779m), Monte Arruebo (2.751m) y Pico de Millaris (2.619m) desde Refugio de Góriz (2.200m) finalizando en Nerín (1.281m)

Distancia 17,61 km *
Altitud Máxima 2.779 m
Altitud Mínima 1.281 m
Desnivel Positivo Acumulado 607 m *
Desnivel Negativo Acumulado 1.526 m *
Regiones HuescaAragónEspaña
  • Valores mínimos calculados a partir del recorrido ideal trazando una línea recta ficticia entre hitos. Deben tomarse como mera referencia, ya que pueden diferir en mayor o menor medida en función de la topología del terreno y el recorrido real realizado.

Tras nuestra ascensión al Monte Perdido del día anterior me levanté y fui directo al refugio a desayunar. Cuando llegamos había preguntado por el desayuno y me habían dicho que era abundante. Mikel se mostró contrario a dejarles dinero desde el principio, así que fui solo.

Más tarde, después de barajar distintas posibilidades, finalmente decidimos tomarnos el día tranquilo y subir al Punta Tobacor (2.779m) y un par de picos cercanos (Monte Arruebo (2.751m) y Pico de Millaris (2.619m)), montes que están justo enfrente del refugio pero que son muy poco frecuentados por no ser tresmiles.

Subimos tranquilamente, y cuando estábamos en la cima vimos llegar a un tío corriendo que resultó ser uno de los guardas de Góriz que había ido a dar un paseo, precisamente el que habíamos estado criticando el día anterior porque nos había parecido que no tenía pinta de montañero… ¡y subió corriendo!

Nuestro recorrido se tornó un poco más largo de lo esperado, aunque fue agradable porque el día salió fabuloso. Una vez de vuelta en Góriz cargamos todos los trastos de nuevo y comenzamos rápidamente la bajada tras deliberar durante un momento si esperábamos o no a que pasaran unos nubarrones que, al igual que el día anterior, de repente se habían instalado en el valle.

Decidimos bajar rápidamente y en el momento de salir comenzó a llover. Teníamos la esperanza de que al dejar el valle la lluvia cesase, ya que veíamos algún claro al fondo, pero no hizo más que empeorar. La tormenta nos acompañó durante todo el camino y en algunos momentos la lluvia fue realmente intensa y fría. No nos quedó más remedio que agachar la cabeza y tirar para adelante, ya totalmente empapados y escuchando en algunos momentos los amenazadores truenos a nuestra espalda.

Llegamos al coche calados hasta los huesos. Había dejado de llover unos minutos antes, así que al menos pudimos cambiarnos de ropa con cierta tranquilidad. Entramos al bar del Hotel Palazio a tomar algo caliente y cuando salimos ya era de noche. Condujimos todo el camino de vuelta en plena oscuridad y llegamos más tarde de medianoche. Un fin de semana muy bien aprovechado.

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