Turraguas (1.784m), Cerro Embautia (1.723m), Cobetia (1.843m), Colocobia (1.966m), Colocobia Oriental (1.974m), San Lorenzo (2.271m) y Bagolrrucia (2.135m) desde Estación de Esquí de Valdezcaray (1.530m)

Tiempo Total 5 horas 33 minutos
Distancia 12,46 km
Altitud Máxima 2.278 m
Altitud Mínima 1.562 m
Desnivel Positivo Acumulado 1.084 m
Desnivel Negativo Acumulado 1.093 m
Notas Bajando en tabla de snowboard desde San Lorenzo
Regiones La RiojaEspaña

Paseando un sábado por el río con Irina, algo nervioso por el buen tiempo y sin saber qué hacer al día siguiente, de repente surgió en mi cabeza el plan perfecto: conducir hasta Valdezcaray y subir todos esos montecitos hasta el San Lorenzo con la tabla.

El día salió espléndido. Salí a media mañana, sin prisas y con juguetes nuevos. Llegué al aparcamiento de la estación y la pista de esquí de fondo estaba bastante cargada de nieve. Cogí todos los trastos, enganché la tabla a la mochila y me puse ésta a la espalda. Parecía que el peso no era para tanto.

Comencé a andar por nieve bastante cómoda. Pensé que si la pista estaba así hasta arriba iba a ser un disfrute. Pero a media subida la pista ya no estaba peinada y la huella se hacía más profunda. Me costaba andar algo más pero seguí tranquilamente. Me encontraba muy bien y no tenía ninguna prisa.

Seguí subiendo sin problemas. Acorté monte a través la última curva antes de llegar al primer collado, donde aparecieron algunas calvas de hierba, y sin llegar a éste me desvié para subir directo al Turraguas. Un discreto mojón marca su cima, que no tenía nada de nieve alrededor. Dejé allí la tabla para bajar menos cargado al Cerro Embautia, que se ve muy cercano y evidente en dirección Noroeste, también con muy poca nieve.

Aunque hay un pequeño mojón antes de la cima del Cerro Embautia, que parece estar allí con la única finalidad de confundir, la verdadera cima está unos metros más adelante y está marcada por un vivac. Tras visitarlo, regresé sin contratiempos hasta el Turraguas para recoger la tabla. Estaba disfrutando mucho porque todo estaba saliendo perfecto: el tiempo, la mochila para llevar la tabla, el peso, la nieve en la que no hacían falta crampones,… todo.

Enfilé la recta hacia el San Lorenzo. Recta de verdad, porque desde el Turraguas se tiene una visión completa de todo el recorrido. La subida hasta el Colocobia es siempre dura por la pendiente y por presentar algo de arbusto, pero en esta ocasión algunos tramos de nieve primavera algo desagradables la empeoraron un poco más.

Primero llegué al Cobetia, cuya modesta cima está de nuevo marcada tímidamente con unas piedras. Desde allí seguí sin parar hacia el Colocobia, haciéndose evidente que la primera cota, aunque es inferior a la siguiente, más cercana al remonte, es sin duda más prominente e interesante. Por alguna extraña razón iba muy fresco y contento.

La nieve comenzó a monopolizar el paisaje. Llegué al Colocobia Oriental y desde allí bajé enseguida al remonte para pasar de puntillas y lo más rápido posible entre los esquiadores, para no romper la soledad del momento. Y subí desde el remonte y sin parar por toda la ladera Noroeste, cubierta de cómoda nieve y con algo de huella, hasta la cima del San Lorenzo, echando un vistazo de vez en cuando a esas preciosas paredes de la cara Norte.

En la cima, como de costumbre y pese al estupendo día, soplaba un viento fuerte, desagradable y frío. Saqué unas rápidas fotos y me aparté un poco para subirme a la tabla e intentar bajar planeando al Bagolrrucia. Descendí unos metros por una tímida capa de nieve primavera por donde la tabla casi ni deslizaba. Al cabo de un rato me la quité y la dejé al lado de unos arbustos donde ya no había nieve.

Bajé andando el resto del camino hasta el Bagolrrucia, por un paisaje que por alguna razón me parecía algo sobrenatural y extrañamente tranquilo, tal vez por atravesar una preciosa cornisa de nieve con forma de enorme ola petrificada, o tal vez por haber dejado atrás el cercano bullicio de la estación de esquí.

La cima del Bagolrrucia es una elevación de escasa prominencia en el brazo Sur del San Lorenzo, marcada de nuevo con otro mojón de piedras, esta vez curiosamente rodeado por una pequeña pedrera que aparece de la nada desde la vegetación. Tras visitarla regresé ladera arriba hasta el San Lorenzo, recogiendo la tabla a medio camino. Este tramo se me hizo más largo, posiblemente por haberlo bajado antes en tan sólo un par de minutos.

En la cima del San Lorenzo seguía soplando el frío viento, pero ahora no era tan fuerte como antes. Me subí a la tabla de nuevo y vi que la estación ya estaba cerrada y que las máquinas habían comenzado a peinar las pistas. Recé para que todo saliera bien. Sobre todo me preocupaba encontrar la nieve muy dura o, peor aún, algo de hielo.

Bajé deslizándome hasta el remonte de Campos Blancos y todo fue bien. De hecho la nieve estaba incluso algo espesa, así que en el remonte decidí echar un vistazo al pequeño circo que cae por la cara Norte. Esa bajada tiene bastante pendiente y con nieve muy dura no es muy agradable. Además, en ocasiones un pequeño tubo suele no tener nieve.

Todo tenía buena pinta, así que decidí bajar por allí y evitar así las pistas y las máquinas. Bajé tranquilamente, muy cómodo y seguro. Nada que ver con las bajadas locas de los días de estación. Llegué a la parte inferior del remonte de Campos Blancos y entré en las pistas. El lado izquierdo ya estaba peinado pero el derecho no. Bajé por el derecho descendiendo por las pistas rojas. La nieve no dejaba ir muy rápido, y al llegar cerca del aparcamiento, en la última pista verde, la tabla casi ni deslizaba.

Llegué al aparcamiento con una sonrisa de oreja a oreja provocada por esa sensación nueva e indescriptible que produce bajar en tan sólo unos minutos desde tan alto. Me quité la tabla y subí andando hasta la parte superior del aparcamiento, donde había dejado el coche.

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