Corredor Swan a los Astazus (AD, 500m), Astazu (3.071m) y Petit Astazu (3.013m) desde Gavarnie (1.374m)

Tiempo Total 1 día 2 horas 52 minutos
Distancia 24,08 km
Altitud Máxima 3.074 m
Altitud Mínima 1.374 m
Desnivel Positivo Acumulado 2.299 m
Desnivel Negativo Acumulado 2.300 m
Regiones Altos PirineosHuescaAragónOccitaniaEspañaFrancia

Por suerte, la primera vez que visité Gavarnie hacía mal tiempo. Y digo por suerte porque la visión del majestuoso Circo de Gavarnie, que deja boquiabierto a cualquier mortal, se embellece aún más con ese halo de niebla que viene y va dejando entrever esas enormes paredes, invitando a la imaginación a componer el resto de un descomunal y desafiante rompecabezas. Siempre me ha gustado la montaña con mal tiempo, pero eso es otra historia.

De hecho, nunca antes había estado en Gavarnie de día y con buen tiempo, una insólita situación que nos permitió ya desde los primeros minutos de marcha visualizar el Corredor Swan, repletito de nieve y con muy buen aspecto. Tengo que reconocer que me he vuelto muy comodón, ya que Alfredo hace de Brasero a las mil maravillas. Y eso tiene su parte buena pero también su parte mala,… aunque no me pueda quejar.

Siguiendo la carretera que se aleja del pueblo hacia el Sur, paralela al río, hay que avanzar alrededor de un kilómetro antes de tomar un desvío señalizado a la izquierda. Un bonito e idílico sendero va dejando entonces atrás el valle, serpenteando entre un precioso bosque, para llegar en dos horas al Refugio de Espuguettes. Nosotros, como el Señor Lobo, tardamos una (sobre todo por la fea costumbre de los franceses de cenar tan pronto).

El refugio es bastante cómodo y está situado en un enclave privilegiado, así que después de la opulenta cena aprovechamos el bonito atardecer para escudriñar desde fuera el corredor, que desde allí se ve con todo lujo de detalles. Y parecía que lo íbamos a tener fácil.

Nos fuimos a dormir tempranito, en una habitación para nosotros solos, y pusimos el despertador a las tres. Queríamos madrugar lo más posible para llegar a la base del corredor al alba, ya que sabíamos con certeza que la vuelta por Tuca Roya iba a ser infernal y queríamos pillar la nieve lo menos blanda posible.

En mitad de la noche bajamos a desayunar y alrededor de las cuatro echamos a andar. El camino a seguir es evidente, ya que el corredor se ve en todo momento enfrente, aunque la noche estaba bastante cerrada. Sin embargo, comenzamos a consultar el GPS, que decía una y otra vez que estábamos alejándonos hacia la derecha. La verdad es que a posteriori uno no se deja de preguntar cómo puede ser tan cabezón. Pero en fin, ambos seguimos el track al contrario y nos hicimos buena parte del recorrido de bajada, llegando casi hasta la Hourquette d’Alans. Una horita y mucha energía perdidas en una jornada en la que no te lo puedes permitir.

Después de darnos cuenta de nuestro error perdimos altura rápidamente para ir poco a poco retomando el camino correcto. Más adelante, superada una pequeña cresta, comenzamos a encontrar nieve y nos pusimos los crampones. A partir de ahí la pendiente se agudiza y sólo queda subir con calma hacia la base del corredor. Momentos antes nos encordamos y preparamos el material, más o menos al llegar al inicio del amplio cono bajo la base (al menos eso ya lo tenemos aprendido y no nos pusimos a hacerlo en la típica minúscula repisa vertical que suele ser el peor sitio posible para prepararte).

El inicio del corredor está marcado con un cordino que sirve para montar una primera reunión. Llegar hasta ese punto requiere ascender por un largo cono con una pendiente que se va agudizando por momentos, pero con la nieve tan buena que encontramos requirió simplemente de algo de paciencia.

El primer largo del corredor, que suele ser una de las partes más complicadas porque discurre por una cascada de hielo, no podía estar en mejores condiciones. Un hielo corcho en el que era una delicia clavar los piolets o meter tornillos. Este largo tiene una longitud de unos 50 metros y concluye en una evidente y cómoda cueva en cuyo interior hay instalados unos cordinos que permiten montar una buena reunión.

La salida de esta reunión también suele ser problemática, ya que en pocos metros toma una inclinación de unos 70-80 grados que pueden tener que superarse en mixto. De nuevo, encontramos todo el tramo perfectamente cubierto de inusual hielo que nos encantó y que no nos dio problemas en absoluto. Este segundo largo tiene una longitud de casi 60 metros (nosotros llevamos una única cuerda de esa longitud y llegó justita).

La segunda reunión es mucho menos cómoda que la cueva, pudiendo montarse también con la ayuda de unos cordinos muy visibles en la parte derecha. No obstante, a partir de este punto la dificultad ya decrece mucho, hecho que nos hizo cuestionar si seguir a partir de allí ya en ensemble, algo que finalmente no hicimos.

El tercer largo es mucho más corto, de unos 30 metros, llegando a unos nuevos cordinos en la pared derecha también muy evidentes. El resto del corredor ya sí lo subimos en ensemble, metiendo algún que otro seguro intermedio (friends medianos en la pared derecha), ya que la inclinación se suaviza y encontramos la nieve algo más blanda (por debajo todavía estaba algo dura y desde el principio nos cayó mucha colada en forma de pequeñas piedras y bloques de hielo que nos regalaron una pequeña herida).

Casi en la parte superior nos comenzó a dar el sol, aunque no marcó una diferencia en la calidad de la nieve –que en cualquier caso estaba excelente– ni tampoco nos hizo sudar a mares. La salida del corredor es cómoda y permite disfrutar súbitamente de todo el macizo del Monte Perdido desde la parte francesa, así como de los Astazus a los lados, que no se ven lejos (aunque sin embargo llegar a ellos supone un tiempo adicional de alrededor de una hora).

El Gran Astazu es el más sencillo de alcanzar, aunque tiene más desnivel. Nosotros decidimos visitarlo primero para no andar quitándonos y poniéndonos los crampones, que dejamos aparcados casi arriba, al inicio de la pequeña cresta que conduce a la cima, que estaba casi sin nieve. Una vez de vuelta, los recogimos y los bajamos hasta el collado, donde los dejamos para subir al Petit Astazu, que no tenía nada de nieve. En este caso el desnivel es menor pero el recorrido hasta la cima discurre por una cresta algo más estrecha donde en algún momento hay que usar las manos.

De vuelta en el Col Swan picamos algo y descendimos a la Plana de Marboré para avanzar en dirección al Ibón de Marboré y el Refugio de Tuca Roya. Este tramo es sencillamente infernal. Al ser una enorme bañera los rayos de sol inciden sin piedad y convierten la nieve en una infame trampa. Andar por allí es un suplicio constante. Todo el mundo lo dice y es totalmente cierto. Cada paso es una lucha continua que te devora las fuerzas, hundiéndote hasta la cintura o rodilla, o nada de eso, o primero no y luego sí. Es terriblemente difícil avanzar por una nieve así, cuando además te estás achicharrando de calor.

Así que después de un interminable recorrido por ese desierto blanco comenzamos a ascender hacia la Forqueta de Tuca Roya, un pequeño y rocoso collado donde alguien tuvo la genial idea de construir un refugio, el Refugio de Tuca Roya, con varias literas de cómodo aspecto y una pequeña sala con chimenea, y sobre todo con unas privilegiadas vistas al Monte Perdido y el Cilindro de Marboré. Allí picamos de nuevo algo, que nos sentó bastante bien, e iniciamos el largo descenso hacia la Hourquette d’Alans.

La bajada desde el refugio es bastante empinada. Tanto como para ponernos de nuevo el casco, pese a que la nieve estaba ya muy pastosa. Se trata de una larga bajada hacia una pequeña horcada que se forma entre una especie de apéndice que se desprende del Tuca Roya por el Norte y que permite el paso a una plana en el Circo de Estaubé que, aunque no tan infernal como la Plana de Marboré, es prima hermana. Se trata de un interminable sube y baja constante entre lomas con una nieve trampa que te exaspera los nervios.

Y para rematar el recorrido, después de atravesar esta plana hay que volver a ganar unos 200 metros de desnivel para llegar a la Hourquette d’Alans, que es el collado que permite el paso al Plateau des Cardous, donde está situado el Refugio de Espuguettes, y que afortunadamente ya no tenía nieve.

Al llegar al refugio nos zampamos un plato de huevos con jamón y demás acompañamientos y una fresca cerveza que nos revivió el alma. El día anterior sólo estábamos allí seis personas, pero esta vez había incontables senderistas disfrutando del día, paseando por los alrededores o simplemente tirados en la hierba con los pies desnudos.

Ya con los ánimos y las energías repuestas, bajamos tranquilamente por el idílico sendero que se introduce más abajo en el bosque y que conduce hasta Gavarnie, llegando de vuelta a nuestro punto de partida después de una larguísima y dura jornada que es sin embargo una clásica e imprescindible del pirineo por su gran belleza.

Sobre el track

Como he mencionado, al salir del Refugio de Espuguettes hacia el inicio del corredor seguimos el track a la inversa, alejándonos prácticamente hasta llegar a la Hourquete d’Alans. Todo ese tramo, hasta recuperar de nuevo el camino correcto, es totalmente inservible.

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