Txobillar (479m), Andutz (613m), Saltsamendi (599m), Esteixa (499m), Abaratoki (381m) y Murgimendi (316m) desde Itziar (262m)

Tiempo Total 3 horas 5 minutos
Distancia 11,18 km
Altitud Máxima 612 m
Altitud Mínima 268 m
Desnivel Positivo Acumulado 623 m
Desnivel Negativo Acumulado 619 m
Regiones GuipúzcoaPaís VascoEspaña

A la entrada del Polígono Industrial Goenaga en el pueblo de Itziar (todo el pueblo parece un enorme polígono industrial, de hecho) un pequeño sendero sale en dirección a la cima del Andutz, que ya desde el inicio se ve justo enfrente, muy cercano, como si casi se pudiera tocar.

La ascensión desde este punto se adivina muy sencilla y rápida, aunque puestos a andar hay que superar un desnivel de 350 metros en una distancia muy corta, por lo que enseguida el sendero comienza a ganar pendiente.

Tras unos escasos veinte minutos se asciende toda la ladera, todavía a media altura, donde un pequeño desvío hacia el Norte va a parar rápidamente al Txobillar, una discreta cima a la sombra del Andutz que marca el inicio de la cresta por el Norte.

Continuando hacia el Sur, sin perder altura, se llega a un pequeño sendero, algo embarrado tras las lluvias de los días anteriores, por el que con un poco de cuidado para no resbalar, pisando más la hierba de los lados que el propio sendero, se va ganando altura poco a poco, rodeando la cresta por la ladera Oeste hasta llegar a la cima del Andutz, bastante poblada. El sendero primeramente va a parar a una cota que no es la cima en sí, donde se encuentra una enorme cruz, un buzón y una placa. El punto más alto está unos cien metros al Sur, señalado por un vértice geodésico y otro buzón.

Como buen día de otoño el cielo estaba bastante nublado. Ya por el camino, mientras conducía hacia Itziar, cayeron un par de chaparrones que me hicieron dudar si realmente podría siquiera salir del coche. Pero cuando llegué a Itziar el tiempo había mejorado bastante, e incluso se podía ver algún claro en el cielo. No obstante, la lluvia llevaba amenazando durante toda la ascensión y ya en la cima empezó a caer algo de agua, nada serio, incluso de agradecer tras tantos días espléndidos este verano.

Continuando por la cresta hacia el Sur el recorrido se vuelve más interesante. La cresta no tiene dificultad alguna, salvo andar con cuidado de no resbalar en la roca mojada hasta el final, donde el terreno se vuelve más ancho y herboso. Algunos caballos pastaban más abajo. Al frente ya se ve el Saltsamendi, otra discreta cima pero con una figura muy esbelta desde este ángulo. Sólo se trata de seguir un pequeño sendero, de nuevo algo embarrado, que llega de frente hasta su cima. En su falda esta vez pastaban ovejas. Llegar hasta aquí tampoco tiene ninguna dificultad, y las vistas hacia el Andutz, hacia el Norte, son bastante sugerentes.

Ahora hay que continuar hacia el Sur bajando por una zona algo rocosa y de nuevo bastante resbaladiza por la lluvia, hasta llegados a un punto, como a media altura, salir de ella por la izquierda para perder altura por la ladera herbosa hasta encontrar un sendero que se divisa algo más abajo. Un par de senderos mucho más difusos bajan hacia éste y se hace inevitable encontrarlos.

Este marcado sendero gira algo más adelante bruscamente hacia el Norte y pierde altura adentrándose en una preciosa zona boscosa. Después vuelve a girar bruscamente hacia el Sureste y gana altura muy ligeramente, pudiéndose seguir sin pérdida hasta llegar a una enorme casa en un cruce más adelante, rodeando el Esteixa. Pero yo quería subir también esta cima.

Donde el sendero llega a la altura del collado formado entre el Esteixa y el Saltsamendi, una especie de pequeña senda, muy difusa, parece que se adentra en dirección Este en una zona llena de matorral y arbusto. Este sendero poco a poco va desapareciendo, pero marca claramente un camino despejado, entre roca, por el que ir ganando altura hasta llegar a la cima, no sin una buena dosis de paciencia para apartar zarzas y ortigas. En lo alto hay un gran hito y buenas vistas hacia el Saltsamendi y el resto de la cresta hacia el Andutz, e incluso un poco más lejos el mar, que añade un toque realmente agradable al paisaje.

Ésta es una de esas cimas a las que claramente no sube mucha gente, y ahora toca bajar en dirección Sur para retomar lo antes posible el cómodo sendero. Desde la cima no hay rastro de ningún camino ni hacia el Este ni hacia el Sur, así que toca bajar entre rocas, con mucha paciencia, apartando de nuevo zarzas y rezando para que más abajo el terreno no se vuelva intransitable.

Con mucha paciencia se van encontrando huecos por los que bajar, aunque es una zona complicada por la que andar, entre roca y zonas de densa vegetación, y mucha zarza. Al rato más abajo se ve el sendero, pero todavía no está claro cómo llegar. El último tramo es incluso algo más denso, pero afortunadamente hay algún que otro hueco por el que escabullirse.

Llegados al sendero toca relajarse un poco y continuar unos metros hasta la enorme casa en el cruce, saliendo después a una pista rodada. Aquí, siguiendo la pista hacia el Norte unos metros, un paso en la parte derecha da acceso a un prado. Atravesando este prado se llega a la cima del Abaratoki, redonda y herbosa, sin vegetación alta, permitiendo ser subida por cualquier parte, en línea recta, por ejemplo. Es una cima muy modesta, pero desde allí hay buenas vistas hacia el Esteixa e incluso el Saltsamendi detrás.

Retrocediendo hasta el cruce y siguiendo la pista hacia el Sur, inmediatamente después de pasar la casa hay que desviarse dirección Oeste por un sendero señalizado con marcas amarillas y blancas. Al principio puede costar un poco seguirlo, en las inmediaciones de la casa, pero algo más adelante está perfectamente señalizado, adentrándose en bosque. Este tramo es muy bonito y se puede hacer incluso corriendo.

El sendero llega hasta la carretera principal, a la altura de Murgizar. Aquí, en lugar de seguir la carretera, tomé el camino que va en dirección Suroeste hacia el Murgimendi. Es un camino sin asfaltar que da acceso a varias casas, la última de ellas en lo alto, al lado del monte. Al llegar allí una señora me preguntó qué buscaba, y al comentarle que iba al Murgimendi me dijo que por allí no había ningún monte. El Murgimendi es, de hecho, un pequeño promontorio unos metros al Oeste de esta casa, cuya cima está cubierta por pinos y es bastante redonda. No es de extrañar que la gente de por allí ni siquiera lo considere un monte.

Visitada esta última cima retrocedí el camino hasta la carretera principal y desde allí fui a ratos corriendo los casi tres kilómetros hasta el polígono del punto de partida. Este tramo no tiene ningún interés, pero al menos en domingo tiene muy poco tráfico.

Hitos

Listas relacionadas

Comentarios

Ningún comentario

¿Te gusta esta actividad? Crea una tú mismo fácilmente.