Chachani (6.057m) desde Fin de Carretera (5.014m)

Distancia 8,8 km *
Altitud Máxima 6.057 m
Altitud Mínima 5.014 m
Desnivel Positivo Acumulado 1.043 m *
Desnivel Negativo Acumulado 1.043 m *
Regiones Perú
  • Valores mínimos calculados a partir del recorrido ideal trazando una línea recta ficticia entre hitos. Deben tomarse como mera referencia, ya que pueden diferir en mayor o menor medida en función de la topología del terreno y el recorrido real realizado.

Llevaba unos días en plan vago y realmente me había planteado no subir al Chachani, pero el hecho de tener un seismil al lado de casa pesaba mucho. Así que me pasé por un par de agencias a preguntar precios y contraté una ascensión con guía por 280 soles. No es que me guste subir a un monte de esa manera, pero pronto nos íbamos y no tenía tiempo para hacerlo por mi cuenta.

Se apuntaron a la excursión un chaval belga, un americano de unos treinta y pico y un suizo de unos sesenta. Nos acompañaba el guía, un peruano de unos cuarenta. Vamos, que éramos todos los personajes del chiste.

Salimos con el conductor en un 4x4 hacia el collado desde donde andaríamos hasta el campo base. El mayor problema de esta ascensión es que subes en un par de horas de los 2.300 metros de Arequipa hasta unos 5.000 metros. Lo bueno es que desde el collado toca andar como una hora sobre llano (nosotros tardamos dos porque el americano y el belga ya empezaron a pinchar), ascendiendo tan sólo unos 100 metros hasta llegar al campo base.

El campo base tenía una tienda enorme propiedad de la agencia, donde pudimos cenar al abrigo del suave viento de la noche. El guía preparó una sopa de sobre de espárragos y unos espaguetis con tomate y atún. El problema es que cenamos demasiado, repitiendo sopa.

A la una de la mañana nos levantamos para iniciar la ascensión a la cima. Yo de hecho me levanté unos quince minutos antes con el estómago revuelto y con muchas ganas de ir al baño. Fui a uno de los pozos cercanos y me quedé bastante a gusto, pero tuve que vomitar también, seguramente por la pesada cena. Volví al saco a dormir un poco más pero en unos minutos el guía ya estaba tocando retreta. Salí de la tienda con el estómago todavía revuelto y algo de dolor de cabeza, y sin ninguna gana de desayunar. El guía me dijo que tomara mate de coca con anís. Lo tomé a duras penas.

Hacia las dos y media comenzamos a andar, a paso realmente lento, lo cual agradecí porque no me encontraba bien. Y no era el único. Todos estábamos mal. Fue un error total cenar tanto tras ascender tan rápido. En cualquier caso, poco a poco el dolor de cabeza y el malestar de estómago fueron desapareciendo. Tardó rato, pero como subíamos muy despacio se hizo cómodo. Además, no hacía tanto frío como en Misti porque apenas hacía viento. Incluso nevó algo.

Los demás vomitaban o se quejaban del dolor de cabeza también. De nuevo estaba deseando que amaneciera, porque aunque no hacía tanto frío como esperaba, hacía mucho frío. Amaneció. Seguimos poco a poco, parando cada poco. El americano iba mal. El suizo peor. El belga también iba mal pero aguantaba. Al amanecer el sol iba pegando en la pendiente, pero no llegábamos nunca a él. Teníamos que parar cada cierto tiempo por los demás. En un momento determinado el suizo sintió mareos y dijo que se volvía, pero el guía bajó a hablar con él y le dio a esnifar alcohol, lo que le sentó bastante bien.

Nos quedaba poco para la cima y los demás iban muy cansados. Yo iba charlando con el guía porque íbamos realmente despacio. Algo más arriba me adelanté y subí hasta el cráter, donde los demás fueron llegando poco a poco, con muchísimo esfuerzo. De allí a la cima hay un paso, pero debido a la altitud se convierte en una eternidad. Tras un breve descanso en el cráter subimos hasta la cima, donde llegamos todos. Nos felicitamos, estuvimos un rato allí, e iniciamos el descenso.

El descenso no fue mucho mejor. Aunque fue muy sencillo gracias a la arena, los demás estaban exhaustos. Bajamos esperando de nuevo. Finalmente el suizo y yo nos adelantamos por sugerencia del guía. El suizo ahora iba bien. Llegamos a las tiendas y nos metimos a echar una siesta. Dormimos como 45 minutos hasta que llegó el chaval belga, que sin apenas mediar palabra se derrumbó en la tienda. Luego, mucho más tarde, llegó el guía.

Comenzamos a desmontar las tiendas y a recogerlo todo, pero el americano todavía no estaba. Ni siquiera se le veía en la ladera. Al rato apareció su figura, pero no se movía. Yo creía que le costaba mucho bajar por la mochila. Hablé con el guía y me dijo que alguien tenía que ir a buscarle y ayudarle con la mochila. Yo me encontraba bien y el guía estaba todavía bastante ocupado, así que subí a buscarle al ver que apenas se movía. Cuando llegué a su altura vi que no llevaba mochila. Estaba totalmente derrumbado y no tenía apenas fuerzas. Tampoco tenía agua. Le cogí un bastón y le pasé su brazo por mi hombro para ayudarle a bajar. Balbuceaba. Nunca antes había visto a alguien tan cansado. Cuando llegamos a las tiendas le dejé en una roca, le di agua y se durmió al instante allí mismo, sentado, mientras nosotros seguíamos recogiendo y preparando las mochilas.

Cuando terminamos de recoger pensé que al hombre le iba a costar llegar muchísimo desde el campo base hasta el collado, así que me ofrecí a llevar su mochila. Salimos del campo base. Me adelanté con las dos mochilas porque el guía estaba preocupado por la hora. Llegué bastante antes que todos los demás. El 4x4 afortunadamente estaba todavía allí, porque el guía le había dicho que estaríamos a las 12:00 y eran más de las 13:30. Hablé con el conductor un rato mientras esperaba a que los demás fueran llegando. Cuando llegaron todos condujimos hasta Arequipa, bastante callados. Una vez en la agencia devolvimos el material y nos despedimos.

Un grupo un pelín insulso y una curiosa experiencia sobre cómo la altitud te puede arrancar sin piedad hasta la última gota de energía.

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