El Hombre (1.549m), Cerro Ibaya (1.709m), Alto de las Neveras (1.859m), Torocuervo (1.932m), Montelaszarras (1.855m), Cerro de Fuente Milano (1.754m) y Corcusa (1.514m) desde Valgañón (940m)

Tiempo Total 5 horas 57 minutos
Distancia 22,94 km
Altitud Máxima 1.941 m
Altitud Mínima 960 m
Desnivel Positivo Acumulado 1.487 m
Desnivel Negativo Acumulado 1.485 m
Regiones La RiojaBurgosCastilla y LeónEspaña

Es lo que tiene la llegada del otoño, que mal acostumbrado después de tantos días de verano uno mira sólo por encima la previsión del tiempo y sale de cualquier manera al monte. Aunque lo cierto es que la previsión no era del todo mala para el día, sólo con ligeros chubascos a partir de las 12h, y ya salí bastante temprano y con todo tipo de ropa por la mañana por lo que pudiera pasar.

Al llegar a Valgañón justo al amanecer lo primero que me fascinó fueron los colores de los bosques. Arriba las cotas altas estaban tapadas por niebla, pero eso era arriba y era muy temprano. Tal vez despejase con el sol de la mañana.

Comencé a andar con buena temperatura por una pista que sale en dirección Sureste desde una de las calles principales de Valgañón, adentrándose en la sierra ganando altura poco a poco haciendo uso tan sólo de un par de curvas cerradas. No hay ningún desvío hasta pasados cuarenta minutos, así que durante ese tiempo se puede desconectar el cerebro y disfrutar de los maravillosos colores del otoño.

Pasados los cuarenta minutos la pista se bifurca y hay que tomar el camino de la izquierda para subir en línea recta hasta otra nueva curva cerrada a la derecha, punto en el que hay que desviarse hacia un cortafuegos. Yo iba con el cerebro tan desconectado que me pasé esta curva y seguí por la pista unos 400 metros, y como no soy muy amigo de desandar lo andado, opté por subir bosque a través para alcanzar el cortafuegos algo más arriba.

El bosque al principio no tenía mala pinta, con algo de helecho y árboles poco frondosos en suave pendiente, pero pasados unos cien metros me topé con un pinar de los más densos que he visto nunca, por donde no cabía un alfiler entre los arbustos. Me costó apenas diez minutos atravesarlo, pero fue un momento realmente penoso.

Pasado este pequeño infierno, donde de veras pensé en más de un momento que tendría que dar la vuelta, ya que en algunos tramos era imposible avanzar y había que ir dando pequeños rodeos, salí al cortafuegos. Un ancho cortafuegos, algo sucio de helecho a ratos, que conduce directo hasta la cima de El Hombre, una redonda cota en la que el pinar desaparece y las vistas se despejan hacia el Oeste. En lo alto, un enorme vértice geodésico, una caseta vallada y una curiosa torre que parece que haya sido arrancada de algún castillo. El tiempo comenzó a empeorar, con viento fuerte y algo de lluvia.

Desde aquí una pista sale hacia el Suroeste perdiendo altura suavemente a medida que se acerca a la base del Cerro Ibaya, una cumbre poco importante pero que desde este punto es bastante fotogénica por su ladera Este, que termina en un bonito bosque que cae hacia el Norte.

Llegados a su base hay que dejar la pista para iniciar el ascenso hasta la cima por otro cortafuegos que en su parte final se empina algo más. Una mirada atrás desde este punto desvela de nuevo el bonito paisaje gobernado por El Hombre con su par de edificios.

En la cima del Cerro Ibaya no había ninguna indicación de ningún tipo, así que perdí algo de tiempo recogiendo algunas piedras para montar un pequeño hito (últimamente suelo hacer esto). La cima está atravesada de Norte a Sur por otro ancho cortafuegos que se dirige hacia el Alto de las Neveras, todavía algo lejos (de estar en China esta actividad se llamaría la “Actividad de los Mil Cortafuegos”).

Una bajada a un collado y después una empinada pendiente en línea recta hacia el Sur, durante casi un kilómetro y medio donde el tiempo comenzó a empeorar por momentos de tal manera que llegado al enorme mojón en la cima del Alto de las Neveras pude hacer poco más que sacar un par de fotos y salir corriendo a toda velocidad. Frío, viento frío y lluvia horizontal fría. Y paisaje cero más allá del mojón.

Continuando ahora hacia el Oeste sin dejar de ganar altura, y por lo tanto disfrutando de un tiempo cada vez peor, a unos 750 metros en línea recta llegué al Torocuervo, la cota más alta del recorrido. Aquí ya el tiempo era un infierno total, como pueden dar fe las pocas y terribles fotos que pude sacar a duras penas mientras el viento me zarandeaba y la fría lluvia me regaba por todas partes. Al ser una cima elevada y despejada las vistas tienen que ser bonitas, pero este no fue el día de disfrutarlas.

Siguiendo hacia el Suroeste desde el buzón y el vértice geodésico del Torocuervo, primeramente saltando con cuidado entre las piedras mojadas de su curiosa pedrera y luego apartando pequeños pinos entre, cómo no, un nuevo cortafuegos, me acerqué al Montelaszarras. Es un desvío de 1,3 km en el que se pierde poca altura para llegar a un ancho claro con un mojón de MP en el medio. De nuevo con un tiempo nefasto y cero vistas tocó sacar un par de fotos y salir de allí a todo correr.

Ahora ya un poco más relajado porque era momento de retornar, agaché la cabeza para volver hasta el Torocuervo. No es necesario, pero ya que estaba volví a pasar por su cima. En realidad con buena ropa el tiempo no es tan molesto, y de alguna manera ya me lo imaginaba así y en cierto modo me apetecía después de un verano tan largo y caluroso. Así que contento llegué a la cima del Torocuervo, atrevesé de nuevo su predrera y comencé a descender hacia el Noroeste en dirección al Cerro de Fuente Milano, que no es más que una pequeña cota de escasa prominencia marcada con otro MP en mitad de otro… ¡cortafuegos!, desde donde tanto hacia el Norte como hacia el Sur las vistas comenzaron a despejarse y la lluvia cesó como consecuencia de haber perdido altura.

La ropa se fue secando y al Norte en la distancia empezó a hacerse cada vez más visible el Corcusa, bastante lejos y con un collado poco apetecible en medio. Desde aquí se ve realmente lejos y con una subida importante desde el collado, pero una vez más, al ir acercándose el collado no se ve tan abajo ni la subida tan pronunciada. Además, en esta parte las vistas despejadas y la ausencia de viento, lluvia y frío hicieron más llevadero el trayecto.

Una bajada, un molesto cruce con un par de molestos cazadores, una pequeña subida, y enseguida estaba ya en la cima del Corcusa, bastante insulsa, redonda y cruzada por una pista que le resta toda importancia. Y unos metros más adelante del punto más alto, un bonito buzón y unas preciosas vistas a toda la sierra, y Valgañón abajo, en el valle.

Deshaciendo la pista hasta regresar al Collado de Iguareña, ésta ahora baja a la izquierda rodeando una pequeño refugio, adentrándose en el bosque y llegando ya inequívocamente hasta Valgañón. Este tramo es algo largo pero se puede hacer corriendo. A mí esta vez no me apetecía y me deleité tomando fotografías a montones del cautivador bosque de colores, precioso miraras donde miraras.

Poco a poco el buen tiempo dio paso a otro mejor y el sol comenzó a lucir y a abrigar y secar con su calor la ropa mojada hasta que llegué a Valgañón, de nuevo con el cerebro desconectado maravillado por el paisaje. Es lo que tiene la llegada del otoño.

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