Tuc de Latuhe (1.650m), Tuc du Pla de Labasse (1.657m), Tuc de la Boup (1.682m), Tuc de Labatiadère (1.737m), Peyres Aube (1.735m) y Tuc de Couret (1.624m) desde Col d'Azet (1.580m)

Tiempo Total 2 horas 38 minutos
Distancia 6,22 km
Altitud Máxima 1.739 m
Altitud Mínima 1.574 m
Desnivel Positivo Acumulado 292 m
Desnivel Negativo Acumulado 288 m
Regiones Altos PirineosOccitaniaFrancia

Estando alojados en Arreau el día anterior habíamos subido hasta la Estación de Esquí de Val Louron para usar un poco el trineo. Allí nos dedicamos a subir y bajar una ladera (subir papi, bajar nene) unas doscientas veces para que el nene se entretuviera. Y durante ese tiempo no hacía más que echar vistazos aquí y allá escudriñando las montañas de alrededor.

Los tresmiles del Parque Nacional del Néouvielle estaban inaccesibles. Los días anteriores había caído una buena nevada que había dejado un manto blanco que había cubierto prácticamente hasta la última roca. Ni siquiera había llevado material de alta montaña dada la previsión de los días anteriores, pero sí que había llevado algo de material más ligero para hacer algún montecito de los alrededores.

Uno de los lugares que llamó mi atención aquella mañana fue un collado al que subía la carretera que llegaba hasta la estación de esquí. La carretera estaba limpia y hacía una amplia zeta para llegar al Col d’Azet, algo más arriba de donde nos encontrábamos. Y aunque desde allí no podía ver mucho más, se intuía que podría ser un buen punto de partida.

Ya estando en casa eché un vistazo a los mapas y vi que desde el collado es posible subir hasta el Pic de Bassias siguiendo una amplia cresta hacia el Sur, pero incluso aquella opción me pareció complicada debido a la enorme cantidad de nieve que tenía la cresta. Otra opción mucho más relajada era seguir el cordal hacia el Norte hasta llegar al Tuc de Labatiadère, y desde allí continuar incluso algo más. Como plan de relax mañanero pintaba bastante bien.

Sin madrugar demasiado conduje hasta el Col d’Azet y aparqué el coche encima de una enorme placa de hielo. Ya había varios coches allí y hacía un sol espléndido con apenas viento. Me calcé los crampones y comencé a andar tranquilamente hacia el Norte por una pista que estaba totalmente nevada. El Tuc de Labatiadère se ve desde el collado y la ascensión no tiene ninguna pérdida. De hecho, a lo largo de la mañana aquello se convirtió en una procesión de gente de todos los colores (algunos con raquetas, otros con esquís, y otros incluso cargados con la tabla de snow a la espalda).

Enseguida dejé la pista para encaramarme a las pequeñas lomas que surgen por la parte derecha. La nieve estaba deliciosa allí. Esa nieve polvo protagonista de los sueños húmedos de cualquier snowboarder, que nunca aparece cuando llevas la tabla encima. Costaba un poco más andar por allí pero quería pisar esa nieve y alejarme de la pista. Aunque en cierto modo me sentía culpable por ir dejando mis huellas en ese paisaje tan inmaculado.

En fin, continué varias lomas hasta retomar brevemente la pista antes de dejarla de nuevo para ascender ladera arriba hasta el Tuc de Latuhe. Un pequeño repecho, sin más, donde se distinguía un sendero bajo la nieve. Al llegar a la cima el paisaje se volvió mucho más virginal. Desde allí se adivinaba el Tuc du Pla de Labasse como otra pequeña loma en el camino, y entre las dos cimas un paisaje totalmente blanco que daba pena mancillar con sucias pisadas.

En realidad todo el recorrido hacia el Tuc de Labatiadère, cima muy visible porque está coronada por una gran caseta con su correspondiente antenón, se podría resumir como una sucesión de lomas a las que los franceses han puesto nombre. De hecho, de haber seguido la pista sin haber consultado los mapas ni se me habría pasado por la cabeza que todas esas lomas tenían nombre. Pero como yo soy de tachar…

Resumiendo, que desde el Tuc du Pla de Labasse anduve paralelo hasta acercarme a la pista y desde allí me desvié unos metros a la izquierda para subir al Tuc de la Boup, antes de acometer la temida ladera final hasta la cima del Tuc de Labatiadère y ver desde su casetón cómo algún sufrido tipo subía su tabla a la espalda para disfrutar esos pocos metros de bajada insulsa y poco empinada. Debe ser una tradición…

Desde la cima del Tuc de Labatiadère continué algo más, hacia el Peyres Aube, por un terreno ahora algo más desértico y agradable (en cuanto a sensación de soledad se refiere), por un lugar basto y tranquilo, repleto de nieve y calma, ideal para disfrutar de los pensamientos propios. La cima del Peyres Aube es otra nueva loma en la que es complicado incluso encontrar el punto más alto.

Para regresar primero seguí mis huellas pero luego rodeé el Tuc de Labatiadère por la izquierda para alcanzar la pista y seguirla de vuelta y relajadamente hasta el Col d’Azet, sin revisitar ninguna loma (perdón,... ¡cima!), cruzándome ahora con mucha más fauna dominguera, de esa a la que no le gusta madrugar. Llegado al Col d’Azet, sin detenerme subí en línea recta al Tuc de Couret, un pequeño promontorio que sale hacia el Sur y desde el que hay unas buenas vistas a la Estación de Esquí de Val Louron.

Hitos

Itinerarios relacionadas

Comentarios

Ningún comentario

¿Te gusta esta actividad? Crea una tú mismo fácilmente.