Cruz de la Demanda (1.954m), Otero (2.047m), Campos Blancos (2.058m) y Gabizalaya (1.932m) desde Posadas (971m)

Tiempo Total 8 horas 57 minutos
Distancia 28,7 km
Altitud Máxima 2.061 m
Altitud Mínima 982 m
Desnivel Positivo Acumulado 1.860 m
Desnivel Negativo Acumulado 1.861 m
Regiones La RiojaBurgosCastilla y LeónEspaña

Cansado de recorrer los aburridos montes al Sur de casa viendo con recelo las montañas nevadas en Pirineos se me ocurrió que en lugar de buscar montes cercanos o conducir durante horas podría escoger alguno de los montes más altos pendientes de La Rioja y así tocar algo de nieve.

Me decidí por Otero y Campos Blancos, por la sencilla razón de que podía tachar dos montes de mi lista de golpe y así alegrarme un poco el día. Mi primer plan era conducir hasta Posadas y desde allí seguir la pista que sube hasta el Collado de la Cruz de la Demanda para empezar a andar por todo el cordal desde los 1.700 metros de altitud, pero me temía que la carretera estuviera cortada o en mal estado, así que preparé un plan B partiendo directamente desde Posadas.

Llegué a Posadas algo tarde por ceder a la tentación de desayunar blini con Irina. Hacía un día soleado pero las montañas se veían nevadas y con algunos nubarrones. Pasé el pueblo y seguí por la carretera hasta tomar la pista de subida. Esa pista discurre por sombra, así que no las tenía todas conmigo. Al principio la carretera estaba bien, aunque había que ir con cuidado, pero después de un rato, tras pasar una caseta donde realmente la carretera toma más pendiente, encontré una capa de nieve y hielo y sin pensarlo dos veces di la vuelta. Iba con el coche nuevo y no quería que me pasara lo mismo que en Valdezcaray (cuando una repentina nevada tras un día de snowboard cubrió la carretera de hielo en una curva y estampé el Scirocco contra el bendito quitamiedos).

Conduje de vuelta a Posadas pensando si era buena idea subir desde allí o por el contrario podría volver a casa, cargar un track cercano en el GPS y volver a los monótonos montes del Sur, por hacer algo. Eran ya las doce, bastante tarde, y este itinerario iba a ser muy largo. Me preocupaban las horas de luz, pero finalmente decidí subir, y si me daba la vuelta a mitad de camino, al menos habría hecho algo de ejercicio.

Comencé a ascender por una empinada pendiente empedrada. Pero empinada de verdad. Luego el camino se suaviza un poco pero sigue subiendo y subiendo, indicado con rayas amarillas y blancas, posiblemente por ser un PR. Ancho y cómodo, pero largo. Hacia los 1.370 metros empecé a encontrar algo de nieve, y a partir de allí, poco a poco cada vez más (nieve polvo, por cierto, de esa que nunca se ve en Valdezcaray). Como cinco centímetros.

Llegado a un punto hay que salir de esa pista para tomar un pequeño sendero a la izquierda. Me lo salté, porque llevaba sólo el track en el GPS, sin mapas, y no estaba prestando mucha atención. Subí por la pista durante unos cinco minutos hasta darme cuenta del error. Retrocedí hasta una curva cerrada y allí bajé directo para retomar el sendero, en lugar de descender algo más por la pista, algo que no era necesario. Seguí por el sendero durante largo rato, cruzando varios riachuelos y ganando altura poco a poco, hasta finalmente adentrarme en bosque, ya con nieve más abundante. Los riachuelos por suerte no iban muy cargados, porque si no hubieran sido difíciles de cruzar.

El sendero se pierde un poco en algunos tramos del bosque, donde es algo más difícil de seguir, pero en general se sube bastante bien. Este sendero va a salir a un cortafuegos, que también estaba repleto de nieve. Ascendí el cortafuegos casi hasta su final, cortando a la derecha por otro sendero que va a salir al cordal tras dejar el bosque.

Durante todo el camino no hacía mucho viento salvo alguna ráfaga puntual, pero sabía que en el cordal iba a soplar a base de bien. El tiempo fue empeorando cuando llegué al primer repecho. Me puse más ropa, gafas de ventisca y el baclavá, que afortunadamente había llevado, aunque dudé si hacerlo. El viento era muy fuerte y había muchas nubes. Pensé que tal vez podría subir a la Cruz de la Demanda y bajar, con al menos una cima en el bolsillo.

Llegué a la cima de la Cruz de la Demanda enseguida, y aunque el tiempo era malo, me encontraba muy bien físicamente y con el cuerpo caliente. Decidí continuar hacia las siguientes cimas, agachando la cabeza y tirando para adelante. Tras una sucesión de lomas, después de un kilómetro y pico llegue al Otero. Bueno, al menos ya tenía uno importante (por cierto, ¡me salté el Escorlacia!). Decidí seguir hacia Campos Blancos. El cielo se despejó un poco y pude ver algo de paisaje, con Campos Blancos enfrente. Tenía que bajar a un collado para luego subir, pero ahora me importaba algo menos porque al menos el viento cesaría algo.

Bajé al collado, con unas señales de carretera cubiertas por la nieve indicando que la pista estaba cortada. La dejé enseguida para subir directo a Campos Blancos. No me costó mucho. Al llegar a la cima el viento fuerte apareció de nuevo. Ya tenía mis dos cimas principales. Ahora iba a bajar al Gabizalaya, allí a lo lejos. Una bajada por algunas partes con mucha nieve, pero mucha. A un colladito y luego la cima, marcada con un mojón. Luego a volver al collado y subir un poquito para evitar el barranco, todo lleno de nieve y con algo de pendiente, para desviarme a la derecha y tomar una pista que rodea toda la montaña de Campos Blancos.

Primero monte a través con algo de pendiente sin perder altura, durante bastante rato porque la pista se veía muy abajo y no quería volver a subir más tarde. Algún tramo por roca y algo de pendiente, un poco delicado pero con buena nieve. Luego retomé la pista pensando que por allí iría cómodo pero estaba repleta de nieve, pero totalmente repleta, cubierta en todo el peralte. Muy cansado andar por ella. Se me hizo eterno llegar al cruce. Cuando llegué a éste pensé que como la vuelta al collado de Campos Blancos era por esa pista sería cómodo, pero la pista estaba también repleta de nieve, tapando totalmente el resalte en la parte izquierda, y con más de medio metro de huella en algunas partes. Mucha, mucha nieve y muy incómoda. Se me hizo eterno este tramo también. Muy cansado.

Por fin llegué al collado de Campos Blancos y allí continué por la pista. Ya eran las seis de la tarde, estaba empezando a anochecer y todavía me quedaba un buen tramo para salir del cordal. Empezó a bajar la temperatura y el viento se volvió más fuerte. Había ventiscas constantes. Seguí andando sin parar, deseando salir de allí. Afortunadamente ese tramo de pista estaba algo más transitable, aunque sólo algo. Quería llegar a una curva cerrada, casi debajo del Otero, para pasar al otro lado del cordal con la esperanza de que entonces el viento cesara un poco, ya que estaba soplando del Oeste. Ese tramo fue un poco más relajado. Luego crucé de nuevo a la cresta y el viento volvió a soplar. A cada momento había menos luz.

Eran ya las siete cuando llegué al collado de la Cruz de la Demanda y por fin empecé a perder algo de altura. Todavía el bosque quedaba un poco lejos y ya había muy poca luz, pero al menos ya estaba dejando atrás el cordal. Continué con las gafas, casi sin ver nada, hasta llegar al cortafuegos. Allí me las quité porque el viento cesó y pude ver algo de luz reflejada en la nieve. Seguí bajando a piñón fijo por el cortafuegos y luego por dentro del bosque, a la izquierda. Vi mis huellas y comencé a seguirlas. Recordaba la subida. Cuando llegué a un punto donde el camino se adentraba en una parte frondosa del bosque paré, comí algo (no había comido nada en todo el día, ni bebido porque el agua de la bolsa se había congelado), me puse el frontal, me quité el baclavá, y comencé a descender con tan sólo la luz del frontal. Afortunadamente mis huellas estaban ahí y sólo tuve que seguirlas. Todavía estaba nervioso por la oscuridad total. No había nada de luz, era muy tarde y aún me quedaba mucho bosque por descender. Continué y continué, siguiendo mis huellas por la nieve.

Llegué a uno de los riachuelos, luego al otro y luego al otro. A partir de allí seguí una larga recta con algo de pendiente que daba a la pista. Quería llegar a la pista. Cuando la alcancé me quité los crampones, aunque algo antes ya no había casi nieve. Allí ya me relajé del todo porque sólo tenía que seguir la pista hasta el punto de partida. Ya eran las ocho y todavía tuve que andar una hora más hasta llegar al coche, aunque ese tramo fue más de agachar la cabeza y bajar y bajar suavemente por pista, sin una sola luz mirara donde mirara, todo totalmente oscuro, acompañado de un viento que soplaba un poco de vez en cuando, pero en general cómodo y relajado.

Notas

De esta salida tengo que destacar dos cosas, una buena y una mala.

La mala es que tal vez subestimé un poco esta montaña. Pensaba que con el tiempo que había estado haciendo posiblemente no habría tanta nieve y me sorprendió mucha nieve y un tiempo bastante agresivo. Y además no planifiqué bien el horario y eso hizo que llegara muy de noche al coche. Habiendo salido temprano, incluso a las nueve –sólo tres horas antes–, habría vuelto al coche a las seis, todavía de día.

La buena es que escogí bien el material y pese al mal tiempo estuve muy cómodo durante todo el camino, caliente y seco. Y de fuerzas me encontré fenomenal, sentía cómo las piernas respondían bien pese al gran esfuerzo.

Hacía tiempo que no realizaba una actividad de este tipo, pasando un poco de miedo pero disfrutando al final. De hecho, recuerdo haber pensado mientras recorría el cordal que quería que la montaña me lo pusiera un poco difícil para variar, y así fue. Sin duda los aburridos dosmiles de la Sierra de la Demanda se tornan más curiosos en invierno.

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