Gran Diagonal a Peña Telera (AD/AD+, 700m) y Peña Telera (2.762m) desde Aparcamiento de Lacuniacha (1.366m)

Tiempo Total 11 horas 49 minutos
Distancia 19,75 km
Altitud Máxima 2.762 m
Altitud Mínima 1.366 m
Desnivel Positivo Acumulado 1.503 m
Desnivel Negativo Acumulado 1.496 m
Regiones HuescaAragónEspaña

Por fin una actividad decente, un poco de nieve, un poco de escalada (en hielo), un poco de montaña de la buena.

En Piedrafita de Jaca habíamos reservado noche en el Refugio Telera, pero nos llamaron diciendo que estaban en obras y que no nos podían atender en condiciones, ofreciéndonos ir al albergue de al lado por el mismo precio. El albergue está muy bien. Nos atendieron muy amablemente y nos dejaron calentar nuestra cena y comerla en el bar.

Nos acostamos pronto, sobre las 10:30, después de preparar todos los trastos para el día siguiente. No pude dormir bien, como siempre, primero intentando conciliar el sueño y luego despertándome constantemente durante la noche. Sin embargo, a las 3:00, cuando sonó el despertador, me levanté muy descansado. Tal vez por no tener al niño al lado como de costumbre.

Montamos en el coche, bajamos a la carretera y tomamos el camino de la derecha, que nos llevó erróneamente a una casa particular donde finalizaba. Retrocedimos hasta el pueblo y tomamos el camino de la izquierda, una carretera asfaltada que va hasta el Aparcamiento de Lacuniacha, desde donde comenzamos la actividad.

Íbamos algo cargados, así que empezamos a andar tranquilos, sobre las 4:30. Todavía de noche, con los frontales, por pista. De vez en cuando la pista hacía algún zigzag que pudiera evitarse, pero no se veía nada y por la pista íbamos bien. Más adelante la dejamos y continuamos por hierba muy cómoda, sin sendero, de vez en cuando topándonos con marcas de GR. Cuando comenzaba a amanecer ya nos íbamos situando debajo del corredor. Poco a poco fuimos acercándonos hacia la base hasta llegar a la nieve, donde nos pusimos los crampones y nos preparamos para la subida.

Comenzamos a ascender por el cono, primero con poca pendiente que se fue acentuando cada vez más. Con las luces del alba se derretían cornisas que desprendían pequeñas piedras y trozos de hielo. Poco a poco la pendiente se hizo más fuerte y más dura, y todavía no habíamos entrado en el corredor propiamente dicho. Estaba ahí al lado pero costaba mucho subir.

Llegamos al inicio del corredor. Como es un pasillo caía constantemente piedrilla y nieve. La nieve estaba muy bien pero los gemelos los llevábamos a reventar. Seguimos subiendo mientras una cuadrilla que llegó más tarde que nosotros en un momento dado nos alcanzó. Resulta que uno de ellos era Curro, el profesor de nuestro curso de escalada en hielo. Charlamos un rato y ellos siguieron por el desvío derecho, con huella y más sencillo. Nosotros decidimos probar por la izquierda, por la parte difícil.

Allí hay un resalte de unos 60º. Primero subí yo. Alfredo no se encontraba bien de los talones, y llevaba también los gemelos cargados. Decidimos no asegurar. El resalte es muy bonito, pero en ese punto no te puedes caer porque estás muerto. La nieve estaba algo dura, ya hielo. Subí fácil, sin pensarlo demasiado, pero tras pasar el resalte me vi deseando encontrar un hueco para descansar los gemelos. A la derecha había una pequeña repisa de roca. Me quedé allí esperando a Alfredo. Le grité un par de veces que le podía tirar la cuerda, porque el resalte no era fácil, pero dijo que no. Además no tenía forma de asegurar, ya que las dos estacas y los dos tornillos los llevaba él, erróneamente. Aunque podría haber asegurado con los piolets en caso de emergencia.

Alfredo pasó el resalte a duras penas. Incluso resbaló de un pie. Luego subió algo más y se quedó descansando. Ahí pecamos de valientes. Yo no es que lo hubiera pasado mal, pero luego nos quedó esa sensación de no haber hecho las cosas correctamente, porque llevábamos material de sobra y no hubiera costado nada. Y Alfredo podía haber caído porque iba más cansado. En fin, hecho estaba.

Seguimos subiendo, con buena pendiente todavía, descansando los gemelos de vez en cuando por una rampa que se hacía larga. Más arriba por fin la variante izquierda cortaba con la derecha y había algo de huella. Paré a descansar y a esperar a Alfredo. Desde ese momento encontramos huella en algunos puntos que se agradecía, aunque tampoco eran escalones fantásticos. Luego la huella se perdía durante un tramo para más tarde aparecer de nuevo difusamente, por una subida ancha, con buena nieve y pendiente mantenida y fuerte, hasta llegar al Mirador.

Llegué al Mirador y vi el hueco en la roca. No sabía que aquello era el Mirador. Pensaba que era simplemente un buen sitio para descansar. Se trata en realidad de una entrada en la roca con unas vistas de infarto. Alfredo llegó después y picamos algo. Ahora había que salir por la izquierda y seguir por un tramo más expuesto hasta entrar en un último segmento de nuevo protegido a los lados que daba fin al corredor. Esa salida me preocupaba por lo que dijo Alfredo de la exposición, pero es una tontería. Todo ese tramo además, hasta el final, tenía buena huella, muy buena huella, así que ya nos relajamos. Subimos poco a poco hasta salir a la cresta.

Desde allí simplemente queda rodear un poquito la cresta por la izquierda y luego enfilar la pendiente, ya por la vertiente contraria, hasta la cima, que todavía queda algo lejos. Pero eso ya es mucho más sencillo, aunque todavía expuesto y con pendiente. Pasito a pasito llegamos a la cima, con su vértice geodésico tapado por la nieve. Una cima simplona. Allí estuvimos largo rato, Alfredo enredando con el teléfono. La cima estaba despejada totalmente, con vistas fantásticas. A los lados se estaban formando algunas nubes y le urgí a Alfredo, que no tenía ninguna prisa.

Comenzamos a bajar siguiendo la huella, cómodamente. En un momento la huella iba hacia un destrepe que Alfredo no quería hacer. Prefería seguir adelante hasta el siguiente collado y rodear por allí, pero a mí me parecía que eso era una vuelta enorme, además perdiendo altura que luego tendríamos que recuperar. Fuimos a ver las huellas y al final el destrepe no era para tanto, divertido incluso, atravesando la pared en horizontal después y convirtiéndose en huella super cómoda más tarde para continuar por la ladera, rodeando un par de cimas y un collado sin perder altura. Eso fue una grata sorpresa, porque viendo el recorrido a media ladera se adivinaba una travesía de infierno con nieve dura, crampones y poca huella.

Así que llegamos muy rápido hacia la zona de corredores de bajada. Las huellas recientes los pasaban todos de largo. Y es que había unas buenas cornisas en todos. Seguimos hasta el último, el Corredor de la Z. Allí encontramos en la pared un cordino, bastante alto. Estábamos dispuestos a trepar algo para llegar a él y meter las cuerdas para rapelar, pero al bajar a la base, rodeando vimos dos anillas relucientes, mucho más bajas. Rapelamos desde allí, claro. Llegamos antes de consumir los 60 metros a una nueva reunión. Montamos de nuevo y al bajar unos metros encontramos una tercera reunión. Esa nos la saltamos, y la cuerda ya no llegó a la cuarta reunión por unos metros. No fue problema porque la nieve estaba blanda y se podía haber bajado sin rapelar, pero en caso de apuro y mala nieve, la segunda reunión hay que saltarla. No sé por qué está ahí.

Después del tercer y último rápel la pendiente se suaviza algo, y aunque todavía queda una buena bajada se puede hacer andando. Recogimos y bajamos tranquilamente hasta salir del cono. Luego descendimos todavía con mucha nieve por los restos de un enorme alud que había provocado una placa que se había desprendido más arriba.

Fuimos tirando hacia la derecha, todavía con nieve, hasta que mucho más adelante ya encontramos una salida a la hierba y nos quitamos los crampones para retomar las trazas de GR y un poco más adelante el desvío del principio. La vuelta la hicimos por una variante algo más directa y cómoda, acortando por todas esas curvas de la pista que hicimos al subir, hasta llegar de nuevo al coche.

Al final la actividad se alargó a casi 12 horas. Muy buena elección la de Alfredo de madrugar algo más y levantarnos a las 3:00. Un día fantástico con unas condiciones meteorológicas muy buenas y el corredor en muy buen estado. Algo que echaba mucho de menos después de tanto monte riojano. En general lo hicimos todo muy bien, usando la cabeza, excepto el tramo del resalte sin asegurar. Y es algo que tras pensar a posteriori nos pareció erróneo, pero que en el momento lo cuestionamos más de una vez y en todas las ocasiones decidimos no asegurarnos. En cualquier caso, algo para pensar para próximas salidas. Eso, y repartir bien el material, porque Alfredo tenía las dos estacas y los dos tornillos. Pero en general, fantástica salida.

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