Aneto (3.404m) desde La Besurta (1.885m)

Tiempo Total 9 horas 46 minutos
Distancia 18,78 km
Altitud Máxima 3.409 m
Altitud Mínima 1.868 m
Desnivel Positivo Acumulado 1.677 m
Desnivel Negativo Acumulado 1.651 m
Notas Con splitboard
Regiones Parque Natural de Posets-MaladetaHuescaAragónEspaña

Llegamos ya de noche a Benasque, a tiempo para cenar algo antes de seguir hasta La Besurta, que estaba a reventar de coches. Tuvimos que aparcar bajando por la carretera unos 300 metros, en el primer hueco que encontramos. Dormimos en la furgoneta de Patxi y a las 3:45 nos levantamos. Yo estaba muy cansado del madrugón anterior, así que esta vez dormí bien. Desayunamos algo caliente, preparamos la mochila y las tablas a la luz de los frontales y echamos a andar.

Salimos en zapatillas con las botas a la espalda, un incremento de peso en la mochila que se agradeció, ya que no encontramos nieve hasta pasado el Plan de Aigualluts, donde llegamos tranquilamente sin superar demasiado desnivel. Un poco más adelante dejamos las zapatillas escondidas, nos pusimos las botas y empezamos a ascender más bruscamente, por nieve dura hasta llegar al comienzo de la pendiente propiamente dicha, al final del Valle de Barrancs, donde nos pusimos los esquís con cuchillas.

La nieve estaba bastante dura y había pendiente. Aquí tuve el primer problema con las cuchillas. Primero un par de resbalones, luego se salió una. Y más tarde se despegó una foca. Me costó una eternidad superar esta primera pendiente. Patxi y Mikel se adelantaron un tramo y me sacaron unos minutos. Me gritaron desde arriba pero les dije que siguieran. Intenté ir un poco más deprisa para pillarles, pero las focas se seguían despegando. En toda la subida las tuve que pegar más de diez veces. Me desesperaba porque no iba a gusto, y pegar la piel suponía un gran esfuerzo y una pérdida de ritmo y de tiempo. Malditas pieles de polímeros.

La subida es eterna y continua, sin descanso, por una pendiente que podrá tener unos treinta grados. La nieve estaba más o menos bien a veces, muy blanda otras. En tramos me resbalaba y las cuchillas no enganchaban. Pero bueno, cuando cogí el sol y quité las cuchillas pude subir bastante tiempo sin apenas contratiempos. El principio fue lo más duro. A Patxi y Mikel les perdí de vista. Seguí subiendo a mi ritmo, algo lento e incómodo en muchos tramos. Miraba arriba y se me hacía interminable.

Cuando por fin llegué al collado que da paso a la cima tuve que volver a poner las cuchillas, porque allí la nieve estaba de nuevo dura y había bastante pendiente. Una vez más se me despegaron las focas, las dos, en mitad del paso. Algunos esquiadores tuvieron que rodearme. Las pegué por enésima vez y subí algo más, donde había un montón de gente dejando los esquís. Dejé mis tablas allí, me puse los crampones y subí hasta el Paso de Mahoma, abarrotado también de gente, algunos esperando para pasar. Me dijeron que un guía bajaba con clientes y por eso esperaban. Me adelanté y pasé sin esperar. Atravesé todo el paso esquivando a unos y a otros, sin pararme demasiado porque estaba bastante enfadado. Llegué a la cima con mal tiempo, con niebla, sin visibilidad y viento fuerte. Saqué unas fotos y volví. Al volver tocó esperar de nuevo. Todo el mundo se quería colar. Regresé a las tablas y me preparé para bajar. Bajé directamente desde allí arriba.

La bajada no fue tan bien como debiera. El primer tramo porque tenía las piernas cansadísimas. El segundo porque quería grabarlo en vídeo y la cámara se giraba todo el tiempo, y estuve más pendiente de eso que de disfrutar el descenso.

Bajé hasta donde ya no había nieve, un poco más arriba de donde dejamos las zapatillas. Miré el GPS y me dio la impresión de que me había pasado el punto, así que subí por una ladera con mis últimas fuerzas para darme cuenta de que por allí no era. Volví a bajar, me coloqué la tabla a la espalda y seguí el camino unos cien metros hasta llegar a la zapatillas. Me las puse, me eché la tabla a la espalda y bajé cargado como un animal hasta el coche. Aun así este tramo fue el más agradable, por la falta de nieve.

Llegué a la furgoneta y Patxi y Mikel me recibieron con una gloriosa cerveza fría. Contamos las batallitas (ellos también se liaron con sus zapatillas) y salimos de regreso. Por el camino anduvimos buscando un lugar para comer. Ya era un poco tarde y teníamos miedo de no encontrar nada, pero topamos con un sitio en Seira, un pueblito en la carretera del valle, donde nos dieron de comer muy bien y muy amablemente.

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