Curavacas (2.524m) desde Vidrieros (1.341m)

Distancia 8,01 km *
Altitud Máxima 2.524 m
Altitud Mínima 1.341 m
Desnivel Positivo Acumulado 1.183 m *
Desnivel Negativo Acumulado 1.183 m *
Notas Más alto representativamente de Palencia
Regiones PalenciaCastilla y LeónEspaña
  • Valores mínimos calculados a partir del recorrido ideal trazando una línea recta ficticia entre hitos. Deben tomarse como mera referencia, ya que pueden diferir en mayor o menor medida en función de la topología del terreno y el recorrido real realizado.

Mi idea era subir al Curavacas, luego ir a Caín para dormir en el albergue, y al día siguiente hacer la Ruta del Cares. El tiempo no era muy bueno, pero aun así llegué hasta Vidrieros, me eché la mochila al hombro y empecé a andar. A unos 500 metros me encontré con un lugareño y hablamos un momento. Me comentó que el tiempo no iba a cambiar. El monte casi ni se veía, ya que estaba totalmente tapado por nubes bajas, así que decidí darme la vuelta e intentar subirlo al día siguiente. Conduje hasta Caín e hice la Ruta del Cares ese día.

Al día siguiente me levanté pronto en el Albergue de Caín y salí hacia Vidrieros de nuevo. No había ni una nube en el cielo, el tiempo era excelente. El ascenso al Curavacas se hace por un pedregal que resulta bastante incómodo por los tropiezos constantes. Más tarde supe que podría haber evitado parte subiendo por una vía más a la derecha, pero aun así el pedregal se extiende por casi toda la falda.

Nada más salir paré a quitarme la camiseta y darme crema. La ascensión tiene un desnivel de unos 950 metros. Subí bastante tramo sin camiseta, casi hasta la falda del monte. A partir de ahí comencé a ponerme ropa, primero la camiseta de nuevo y luego el chaleco, ya que el cielo se nubló completamente y la temperatura descendió bastante. A unos doscientos metros de la cima el paisaje se vuelve impresionante. Asciendes por unas paredes en las que en ocasiones te tienes que ayudar con las manos, y la zona, formada por enormes rocas de color verdusco debido al musgo, te transporta a otro planeta.

Al llegar a la cima saqué algunas fotos, comí algo y, aunque hacía frío (incluso se veían unos cuantos neveros un poco más abajo), descansé un buen rato. Estando allí apareció un tío que venía de subir el Espigüete. Charlamos un rato y me despedí. Bajé por el mismo camino, esta vez resarciéndome del pedregal bajando a la carrera algunos tramos. A ratos coincidimos de nuevo, ya que él también bajó corriendo.

En la falda me tumbé a descansar y escuchar música, disfrutando del sol que de vez en cuando aparecía entre las nubes. Hacia las siete llegué de regreso al pueblo, metí todas las cosas en el coche y decidí conducir de vuelta a casa en lugar de buscar albergue por la zona.

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