Observatorio Elbrús (3.100m) y Ice Base (3.692m) desde Azau (2.360m)

Tiempo Total 7 horas 8 minutos
Distancia 24,79 km
Altitud Máxima 3.693 m
Altitud Mínima 2.169 m
Desnivel Positivo Acumulado 1.684 m
Desnivel Negativo Acumulado 1.682 m
Notas Viaje y primer día de aclimatación para Elbrús
Regiones Rusia

Algunas veces, muy pocas, la ascensión a una montaña se convierte en una aventura personal y profunda que te cambia un poquito el alma. Esa mezcla de encanto y temor por viajar a un lugar remoto y desconocido, y hacerlo en solitario, te permite absorber mucho más el entorno y al mismo tiempo intensifica tus miedos y tus recompensas.

Este es un relato de descubrimiento, de fascinación por la humildad y la hospitalidad de unas gentes a las que no les deberías importar en absoluto, y de cómo ese hecho te hace parecer incluso miserable, forzándote a crecer un poquito más como persona para intentar estar a su altura.

Rusia es un país muy extenso y todavía bastante cerrado y complejo. La barrera idiomática es fuerte, ya que prácticamente nadie habla inglés fuera de las zonas turísticas, y su forma de gesticular y comunicarse es diferente a la nuestra, lo que en ocasiones puede generar confusión. Rusia es uno de esos países en los que hay que echar mano de la experiencia mochilera y del idioma de signos, con sus ventajas y sus inconvenientes. Pero en general es un país repleto de gente servicial y amable.

Quería subir al Elbrús, y lo quería hacer en solitario, y a ser posible sin utilizar ningún medio mecánico. Es cierto que para viajar tuve cierta ventaja, ya que mi mujer es rusa y me organizó un par cosas. Y también es cierto que ya había estado en el país unas cuantas veces más. Pero en cualquier caso, de haber viajado por primera vez y sin ayuda de mi mujer, las cosas hubieran sido sólo un poco menos cómodas.

Viaje hacia Terskol

Mineralnye Vody (Aguas Minerales) es la última ciudad con aeropuerto cerca del Cáucaso. Lo habitual es llegar hasta allí vía Moscú, pero en el último momento encontré un vuelo de Pegasus mucho más barato y directo con escala en Estambúl. Parece que Turquía es un destino frecuente para los habitantes del Sur de Rusia cerca de Georgia.

El vuelo tenía sin embargo el inconveniente del horario. Al llegar a la una de la mañana al pequeño aeropuerto de Mineralnye Vody todo el mundo en el avión, que iba completo, salió en estampida. Tras pasar un pequeño túnel para llegar a las salas de control de pasaporte alguien olvidó abrir una puerta y se formó un tapón y una sucesión de gritos que no entendía. Me recordó a la típica grabación de las puertas de los grandes almacenes en el primer día de rebajas. ¿A qué tanta prisa?

Tras subir unas escaleras intentando evitar que todo pichichi se colara (esto es algo muy habitual y bastante irritante, aunque parece que forma parte de la cultura rusa), llegamos a las ventanillas de control de pasaporte. Después de esperar un rato mi turno la policía de la ventanilla me indicó en perfecto ruso que yo era extranjero y que debía rellenar un papel, y que esperara a un lado a que apareciese alguien con ellos. Más tarde apareció una chica, le pedí un formulario y pasé al siguiente reto de la noche: encontrar un boli en una sala sin bolis y medio avión con el mismo papel en la mano, pensando exactamente lo mismo.

Finalmente conseguí pasar el control para dirigirme a recoger mi petate y vivir otra pequeña odisea y cabreo mientras algunas señoras me pegaban descarados empujones con sus maletas para poder ganar unos centímetros en la cola. Un último control y listo, otro nuevo túnel en el que había un montón de gente esperando, muchos de ellos taxistas.

En ese punto se podría coger un taxi hasta Terskol sin problemas, negociando el precio. Irina me había reservado uno para que no tuviera que regatear y el pobre hombre estaba allí esperando desde vete a saber cuándo, ya que ya eran cerca de las 2:30 de la mañana. Un señor muy amable, hablador y simpático que me llevó en unos minutos a un hotel que había reservado muy cerca del aeropuerto. En el hotel, ni papa de inglés y efectivo (por suerte tenía algunos rublos de mi último viaje).

Al día siguiente me levanté temprano para dar un paseo por la ciudad y cambiar algo de dinero. Para mi sorpresa esta vez una segunda chica en la recepción hablaba algo de inglés. Mineralnye Vody no es una ciudad muy grande, de hecho yo diría que es más un pueblo, y no tiene nada de particular. Es la típica ciudad rusa que sin embargo puede llamar la atención si se visita el país por primera vez.

Al mediodía volví al hotel y esperé el transporte a Terskol, que también me había reservado Irina. Rato después llegó Vladimir en su Lada destartalado (valga la redundancia), otro tío simpático y hablador que chapurreaba tres palabras en inglés con el que estuve “charlando” durante un rato mientras esperábamos a que aterrizara un avión de Crimea con una pareja que iba a viajar con nosotros.

El viaje hacia Terskol fue de lo más pintoresco. Vladimir resultó todo un personaje, una gran y encantadora persona que se preocupó en parar una primera vez para que probara el chebureki con ayran de un local en el camino y una segunda en una casa en la carretera con una especie de local de venta de mermeladas donde tomamos té y me regaló unas tortas y un bote de mermelada.

Al ir llegando hacia Terskol el tiempo comenzó a empeorar, a pasar de un día soleado y caluroso a un día gris, nublado y lluvioso. Cada cierto tiempo nos teníamos que parar en medio de la carretera para espantar a las vacas que campaban por allí a sus anchas ignorando el tráfico.

Al llegar a Azau, la última aldea del valle a unos tres kilómetros de Terskol, estaba lloviendo a cántaros. Tuvimos que dejar el coche a unos 300 metros del hotel. Vladimir me acompañó bajo la lluvia hasta la recepción y esperó para asegurarse de que todo estaba correcto y que tenía todo lo que necesitaba antes de despedirse. Gran persona. En el hotel la dueña, una señora que hablaba algo de inglés, y el resto de las mujeres que allí trabajaban fueron mi salvación para los siguientes días.

Ahora tocaba descansar, reponer fuerzas (la comida del hotel era excelente, sobre todo las sopas) y perfilar el plan de aclimatación para los próximos días, que mirando a través de la ventana y según la previsión del tiempo no pintaba nada bien.

Ascensión al Observatorio Elbrús y Ice Base

En la zona no hay mucho donde elegir. Las dos opciones más comunes son la ascensión al Observatorio Elbrús –a unos 3.100 metros de altitud–, que se puede alargar algo más hasta un punto llamado Ice Base –a unos 3.700 metros– cercano al inicio del glaciar; y la ascensión al Cheget (3.469m), un monte que tiene el inconveniente de encontrarse en el límite fronterizo con Georgia.

Me pareció que como primer día la ascensión al observatorio sería más tranquila, ya que sobre los mapas es una ascensión por pista. No es que me llamara mucho la atención, pero se trataba más de aclimatar, y en cualquier caso la previsión del tiempo era muy mala, por lo que me contentaba con hacer un poco de ejercicio y no terminar muy empapado.

Me levanté a las cuatro de la mañana para aprovechar una pequeña ventana de buen tiempo. Se suponía que para las diez u once iba a llover bastante. Salí del hotel a las 4:30 y para mi sorpresa la luna brillaba en una noche tranquila y con muy pocas nubes. La temperatura era tan agradable y reinaba una paz tal que me quedé mirando absorto unos minutos el hipnótico neón verde parpadeante del remonte de mi izquierda mientras el GPS iba captando la posición.

El inconveniente de alojarme en Azau es que tenía que andar unos tres kilómetros por carretera hasta Terskol. Al principio pensé en coger un taxi cada día, pero finalmente y debido a mis madrugones por la mala previsión del tiempo acabé añadiendo ese trayecto a mi aclimatación. Una carretera desciende solitaria perdiendo unos 200 metros de desnivel a lo largo del valle.

A medida que perdía altura caminando con el sopor nocturno fue apareciendo una densa niebla ante mí. Lo que había empezado como una noche despejada y agradable se estaba tornando en amanecer gris y húmedo mientras llegaba al cruce en Terskol donde una pista sube a la izquierda hacia el observatorio.

La subida es cómoda, por una ancha pista que va serpenteando por uno de los nervios de la enorme ladera Sur del Elbrús que va a parar hasta el valle. Esta pista no presenta ningún inconveniente ni por pendiente ni por orientación, incluso con la densa niebla reinante, ya que no existe ningún desvío.

Ya ganada algo de altura la pista deja de serpentear y sigue subiendo dirección Noroeste hasta llegar a una pronunciada curva desde donde se distingue un pequeño sendero. Ese sendero lleva a una bonita cascada que es imprescindible visitar. Por suerte en aquel momento la niebla comenzó a disiparse y repentinamente pude observar toda la cadena montañosa del otro lado del valle, donde se encuentra el Cheget. Un precioso espectáculo de sol y nubes bajas aderezado con el rumor cercano de la cascada y las cumbres nevadas del Elbrús, todo ello apareciendo al unísono para mi asombro y deleite. Finalmente iba a ser un día fabuloso.

Continuando por el sendero llegué a la base de la preciosa cascada, llamada Cascada Trenzas de la Novia, donde el agua cae por una pared de rocas anchas y escalonadas formando una bonita y curiosa cola de caballo (o trenzas de novia). Sin duda alguna toda una sorpresa que no disfruté durante mucho tiempo por el rocío que caía sobre su base.

Normalmente este sendero se suele deshacer hasta la curva en la pista, pero pude observar que unas trazas se dirigían hacia una pared contigua y me decidí a investigar. Esas trazas en realidad se van perdiendo a medida que la pared toma verticalidad, hasta llegar a un punto en el que desaparecen y hay que trepar por una zona muy herbosa y húmeda, repleta de gravilla. La combinación de ambas cosas y lo vertical del terreno hacen que no sea muy buena idea trepar por allí, pero ya que estaba continué hacia arriba hasta salir a un punto menos vertical desde donde campo a través recuperé de nuevo la pista. Un subidón inesperado que en ese momento me cuestioné si había merecido la pena.

De nuevo por pista continué hacia una zona más despejada desde donde a mi derecha ya podía ver parte de las instalaciones del observatorio, y justo enfrente un coloso blanco de dos jorobas que parecía tan cercano que me hacía dudar constantemente que se tratara del Elbrús. Más adelante un conjunto de pistas secundarias me decidió a acortar por una de ellas para evitar una gran vuelta a expensas de perder algo de comodidad debido al incremento de pendiente.

Después de esa gran curva la pista toma prácticamente la dirección opuesta, hacia el Sureste, para alcanzar enseguida el observatorio. A medida que subía por allí podía ver multitud de tiendas de campaña colocadas más abajo, junto al río del que se nutre la cascada. Al llegar al observatorio me topé con un vallado y una prohibición de paso, aunque da la impresión de que toda la instalación está ligeramente más baja que ese punto. Me senté en unas piedras a descansar mientras disfrutaba de las inmensas lenguas del glaciar que desembocan en torrentes que con forma de pequeñas hileras caen hacia el valle.

Mi plan era continuar algo más arriba si el tiempo lo permitía, y estaba haciendo un tiempo excelente. Después del observatorio la vegetación prácticamente desaparece y una pista todavía bien marcada sigue ganando altura. No sabía si encontraría algún punto claro que marcase el final del recorrido o por el contrario podría subir todo lo que quisiera o me permitiera la nieve.

Esa pista resultó la conexión del observatorio con un refugio en ruinas que está a los pies del inicio del glaciar. Esta parte se me hizo algo larga porque había calculado los tiempos en función de un track que no llegaba hasta ese refugio, y hacía rato que me extrañaba llevar tanto tiempo andando. El paisaje en el último tramo se volvió mucho más rudo y desolado, repleto de grandes rocas, y la temperatura descendió bastante. Un par de pequeñas casetas en el camino me hicieron pensar que ese era el punto final, aunque cuando llegas, el punto final resulta evidente.

El refugio, llamado Ice Base, tenía el interior totalmente derruido. Las ventanas habían cedido y todo estaba repleto de nieve. El exterior de un anexo no estaba mejor. A unos cincuenta metros, un banco de madera permite sentarse a observar el glaciar, cosa que hice durante unos minutos. También desde ese punto es posible ver a la izquierda todo el conglomerado de refugios que forman el campo base del Elbrús, aunque no alcanzaba a distinguir si la nieve llegaba hasta ellos.

Inmediatamente me dispuse a descender por mis propios pasos. A pesar del buen día, aquel sitio, a unos 3.700 metros de altitud, no era un lugar muy placentero y el viento frío se clavaba en la piel. En el descenso acorté todo lo que pude, en algún momento incluso teniendo que recurrir a algún nuevo destrepe, aunque no tan arriesgado como el de la cascada. Por supuesto todos esos atajos son opcionales, pero en ciertas ocasiones suponen evitar dar grandes rodeos.

Después de haber dejado el observatorio y la cascada ya muy atrás y descender hacia el valle en línea recta hacia el Sureste, comencé a toparme con gente que subía y de repente la niebla baja que había estado inundando el valle desapareció. Más adelante pude ver que las laderas herbosas perdían algo de verticalidad y comencé a escudriñar una bajada fuera de pista con objeto de acortar una inmensa vuelta y bajar directamente a la carretera.

Avanzando algo más me decidí a dejar la pista y comencé a descender en línea recta primero por una zona algo empinada y muy resbaladiza por la gravilla, que después se hizo incómoda por unos conjuntos de piedras y más tarde ganó de nuevo verticalidad y se llenó de incómodo arbusto y matojo, para finalmente, casi junto a la carretera, convertirse en un pequeño infierno de matorral alto y algo de espino.

Cuando por fin llegué a la carretera daba la impresión de haber estado luchando con un tigre, ya que tenía toda la ropa repleta de ramitas y bolitas pegadas y las zapatillas llenas de barro. Pero oye, esos kilómetros que me ahorré. Es algo que no puedo resistir y es siempre un buen entrenamiento, aunque reconozco que solo y tan lejos de casa hacer estas cosas no es siempre una buena idea.

Desde la carretera continué un par de kilómetros hasta Azau, esta vez ganando altura por un último tramo con cierta desidia hasta llegar de vuelta a mi oasis particular, donde me esperaba una ducha y un desayuno que la señora del hotel no dudó en recordarme que tenía incluido y que se ofreció amablemente a servirme a la hora que llegara cuando le dije que iba a salir de madrugada. Aquello me llegó al alma.

Notas para el viaje

  • Es recomendable llevar algo de efectivo en rublos, al menos para el primer día, ya que no todo se puede pagar con tarjeta. Y para el resto, lo ideal es llevar euros y cambiarlos en un banco local si se quiere obtener la mejor tasa de cambio. Cambiar en un banco es muy sencillo, ya que suelen tener luminosos con sus tasas de cambio para euros y dólares y sólo hay que acercarse a una ventanilla que tienen especialmente para ello. Es importante que los billetes no estén muy arrugados, porque de lo contrario puede que no los acepten.
  • Sobre el traslado desde Mineralnye Vody a Terskol, viendo la cantidad de taxistas que estaban esperando el vuelo, yo diría que incluso sin nada pactado y llegando de madrugada es posible encontrar a alguien que te lleve en ese mismo momento por un precio razonable.

Notas sobre el track

Para el primer día, ascender casi 1.700 metros llegando a los 3.700 metros de altitud y andando casi 26 kilómetros resultó una pequeña paliza. Mi opinión es que los días de aclimatación no deben suponer un esfuerzo excesivo porque de lo contrario lo que se gana en capacidad pulmonar se pierde en cansancio. El desglose de la ascensión es el siguiente:

  • 30 minutos desde Azau hasta Terskol, descendiendo unos 200 metros.
  • 2 horas hasta el observatorio recorriendo 6,8 km y ascendiendo 900 metros.
  • 1h50’ hasta Ice Base recorriendo 4,8 km y ascendiendo 600 metros (casi el mismo tiempo que desde Terskol hasta el observatorio).
  • 2 horas en bajar.
  • 37 minutos hasta Azau recorriendo 2 km y ascendiendo 130 metros.

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