Musala (2.925m) desde Borovets (1.350m)

Tiempo Total 5 horas 57 minutos
Distancia 23,42 km
Altitud Máxima 2.934 m
Altitud Mínima 1.406 m
Desnivel Positivo Acumulado 1.548 m
Desnivel Negativo Acumulado 1.561 m
Notas Más alto de Bulgaria
Regiones Bulgaria

Sinceramente, no daba un duro por llegar a la cima después de la brutal diferencia de temperatura subiendo al Vitosha un par de días antes. Vitosha tiene una altitud de unos 2.300 metros, y Musala, siendo el más alto de Bulgaria, llega casi a los tresmil. Si en la cima del Vitosha el panorama era glacial, no quería imaginar cómo sería 700 metros más arriba. Sin embargo, tanto el día anterior como éste disfrutamos de un tiempo soleado y totalmente despejado mientras viajábamos por el país, y eso ya era un punto a favor.

Aunque la población más cercana es Borovets (población o algo por el estilo, ya que no es más que un conjunto hotelero invernal con un par de restaurantes alrededor), decidimos buscar alojamiento en Samokov, un pueblo un poco más alejado del punto de partida pero menos turístico.

Para subir al Musala hay dos alternativas: la primera y más cómoda es tomar un teleférico desde Borovets que te deja a unos 2.400 metros de altitud en la parte derecha del valle. Desde allí sólo hay que superar 600 metros de desnivel para llegar a la cima. La segunda, más interesante aunque más larga, es comenzar desde el valle, a unos 1.400 metros de altitud.

Para tomar esta segunda opción, desde Samokov hay que conducir por la carretera que va hasta Borovets y continuar por ésta atravesando todo el conjunto hotelero para pasados un par de kilómetros aparcar el coche en la cuneta justo al lado de una pista señalizada que sube hacia el Sur.

Aparqué el coche y pese al cielo azul seguí pensando que ese día no llegaría a la cima, ya que no llevaba crampones y estaba prácticamente seguro de encontrar hielo en algún momento. Devoré una enorme y deliciosa hamburguesa que compré a toda velocidad en una tiendita de comida rápida de Samokov, ya que habíamos salido temprano de Plovdiv pero aun así se estaba haciendo tarde, para añadir más incertidumbre al asunto. La hamburguesa la pedí para llevar e inesperadamente la colocaron en un plato de plástico con un montón de patatas fritas.

La pista es muy cómoda y evidente, subiendo por todo el valle durante unos cuantos kilómetros sin apenas variar de dirección y sin apenas desvíos, ganando altura suavemente. Un largo pero agradable paseo en el que se puede desconectar el cerebro tranquilamente para disfrutar del paisaje, que poco a poco se va abriendo a medida que va ganando altura por la margen derecha del río, valle arriba.

Llegados a un punto un puente atraviesa el río hacia la izquierda. Aquí se comienzan a ver algunos remontes de la estación de esquí y, en la parte derecha, bastante arriba, la caseta final del teleférico desde donde comienza la ascensión normal. Mirar arriba en este punto es un tanto desalentador, sabiendo que la caseta está a 2.400 metros de altitud y viéndose todavía muy arriba. Pero en fin, la pista es muy cómoda y el cielo seguía estando despejado.

Más arriba comenzó a aparecer algo de hielo, en alguna zona umbría y húmeda. Y no me refiero a pequeñas ronchas evitables de hielo, sino a que toda la pista estaba totalmente cubierta por una capa de hielo que sólo se podía esquivar por los laterales y con mucho cuidado. De nuevo pensé que no haría cima.

A continuación el camino llega a la parte inferior de una de las pistas de la estación, donde hay una instalación de remontes y una caseta. Desde este punto se comienza a ver a lo lejos parte del conjunto del Musala, y cómo no, estaba bastante nevado. Aquí mis esperanzas se redujeron a mínimos, pero seguí avanzando, ahora por un senderito entre arbustos que a veces estaba totalmente embarrado y por el que había que cruzar dando pequeños saltos entre piedras para evitar clavar la zapatilla en los gélidos y húmedos charcos.

Este sendero va a dar a un pequeño lago rodeado por varios edificios. Uno de ellos es el Chalet Musala, el primero de los refugios donde se puede pasar noche antes de iniciar la ascensión. Al lado hay otros dos edificios en construcción, cada cual más grande, que imagino funcionarán como refugios adicionales o incluso como hoteles una vez terminados.

Desde el lago hay dos opciones para continuar, bien rodeando éste por la izquierda o por la derecha. Yo opté por subir por el camino de la derecha, que parece el más sencillo y el más transitado. A partir de aquí el terreno se hace más rocoso y abrupto y la vegetación comienza a escasear, para dar paso a la nieve y al hielo.

En este tramo me crucé con bastante gente que bajaba no demasiado bien equipados. Por cómo iban vestidos tuve la certeza de que no habían usado crampones, lo que me dio un pequeño y nuevo soplo de confianza sobre hacer cima.

Con cuidado de no patinar en las resbaladizas rocas del sendero, cubiertas por una fina capa de hielo, seguí subiendo relajadamente hasta llegar a un segundo lago, desde donde ya se ve un pequeño circo y la cima del Musala a la derecha. Toda la cara Norte, de frente, estaba bastante blanca, pero pensé que a lo mejor la ruta la rodearía para ascender por su cara Sur y evitar así el hielo. No es el caso.

Atravesé este segundo lago y dejé de cruzarme con gente. Ahora el hielo había dado paso a algo más de nieve, algo pisoteada y dura por el frío, lo cual era de agradecer porque resbalaba mucho menos que el hielo. Seguí el sendero sin complicaciones hasta un segundo refugio, el enorme Refugio Everest, literalmente a los pies de la cima, a orillas de otro nuevo lago.

Este lago estaba prácticamente congelado. Enfrente se podía observar claramente la cima, con todos los artilugios que hay allí colocados a modo de estación meteorológica. A la izquierda, una bonita arista que me hubiera gustado cabalgar. Y a la derecha y hacia la cima, otra pequeña arista acribillada de postes amarillos y negros que sujetaban una sirga.

Si el camino hubiera subido por la arista no me hubiera importado lo mas mínimo, pero éste la salva por la izquierda zigzagueando. Este tramo fue tal vez el más delicado. El sendero aquí estaba repleto de nieve y en algunos momentos es algo expuesto. Afortunadamente, las condiciones de la nieve no eran del todo malas, y con cuidado se podía subir bien. Bajar ya sería otra cosa.

Poco a poco continué hasta la cima, con bastante cuidado de no resbalar. En un punto el sendero atraviesa la arista, casi arriba, para llegar hasta el edificio principal de la estación meteorológica casi por el Oeste. En la cima había una pareja descansando al sol. No me podía creer lo estupendo que había salido el día y lo redondo que había resultado el plan, que a primera hora pintaba realmente mal.

Perdí un poco el tiempo contemplando las vistas, sobre todo de esa preciosa arista que sale hacia el Este, y después entré en el edificio a curiosear. Entré hasta los dormitorios y alguien abrió una puerta detrás mío. Charlamos un rato, mientras tomaba un té. Por lo visto toda la instalación es privada, sólo venden té y café. Me despedí del hombre, que muy amablemente me dijo que tuviera cuidado de no resbalar al bajar.

La bajada ya la intuí más peligrosa al subir, pero siempre es así. Con mucho tiento fui deshaciendo el camino hasta llegar a la arista. Aquí había visto al subir a una pareja bajando, ayudándose de la sirga. Le pregunté al hombre de la estación por esta bajada, y me dijo que él prefería el sendero, aunque estuviera nevado. Así que le hice caso y me olvidé de la sirga. Bajé poco a poco, con cuidado de no resbalar, hasta llegar de nuevo al Refugio Everest.

Curioseé un poco este enorme edificio y seguí bajando hasta el segundo lago, todavía con cuidado por la cantidad de nieve y hielo. Al llegar cerca del segundo lago opté por bajar por la subida alternativa, por la izquierda desde el primer lago. Al principio pensé que tal vez sería un error, ya que el sendero aquí era más difuso y se metía por un pedregal muy resbaladizo y en sombra. Por aquí tardé un poco más, pero poco a poco el sendero se fue haciendo más claro y las piedras fueron dando paso a la tierra, hasta que bajé hasta el lago. Siempre es preferible una bajada distinta a la subida, en mi opinión.

Llegué al primer lago y desde este punto saqué unas bonitas fotos de todo el conjunto de edificios. Luego continué bajando por el sendero a veces embarrado, entre arbustos, hasta llegar a la parte inferior de las pistas de esquí, donde nace la pista que se adentra en el bosque a través del valle, primero por la parte derecha y luego atravesando el río por un puente para cambiar a la margen izquierda.

Desde este punto eché a correr todo el camino, cruzando el bosque valle abajo hasta llegar al coche, muy agradablemente, tardando mucho menos de lo que había esperado y llegando de vuelta incluso sin haberse hecho de noche, en un raro día de esos en los que todo tiene papeletas de salir mal pero que asombrosamente sale bien.

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