Refugio de Goûter (3.835m) desde Teleférico Les Houches-Bellevue (1.801m)

Tiempo Total 1 día 6 horas 47 minutos
Distancia 19,33 km
Altitud Máxima 3.846 m
Altitud Mínima 1.744 m
Desnivel Positivo Acumulado 2.290 m
Desnivel Negativo Acumulado 2.291 m
Notas Refugio Goûter desde Les Houches - Fracaso en el Mont Blanc
Regiones Francia

Refugio Goûter desde Les Houches.

Distancia: 18 Km.

Desnivel: 2150 m.

Dificultad: Difícil, especialmente por la distancia y el desnivel acumulado. Un paso peligroso (la Bolera) y una trepada larga pero sencilla.

Cuando los hados se ponen en tu contra, no hay nada que hacer. Y parece que este no va a ser el año del Mont Blanc…

La cosa empezó mal antes de salir para Chamonix. La tarde anterior me encontraba fatal, estaba hecho polvo, y el día del viaje en coche no podía con mi alma. No hacía más que dormirme, y yo nunca, nunca, me duermo en el coche. En fin, que me dio una diarrea de pesadilla y estaba bastante débil. Afortunadamente se me fue pasando, y para el martes, que era cuando íbamos a subir a dormir al refugio de Goûter, ya estaba casi bien, aunque debilucho.

Por otra parte, el lunes cayeron 30 centímetros de nieve hasta el refugio, y 60 en la cima. Asusta un poco, la verdad. Pero bueno, eso tampoco nos iba a detener, así que estábamos preparados para intentarlo.

Pero el golpe final vino la noche del lunes, cuando descubrimos en un folleto del valle de Chamonix que el día anterior habían cerrado el tren del Nid d’Aigle, el que te acerca al comienzo de la ruta. Parece que iban a hacer obras hasta mediados de diciembre, imagino que para tenerlo listo en la temporada de esquí. Toma ya.

Hay que fastidiarse. No tener tren implica darse una paliza bastante mayor, porque hay que acercarse desde mucho más lejos, aparte del desnivel gratis que hay que tragarse.

Pero así son las cosas. Después de unos cuantos cabezazos contra la pared, y tras estudiar rutas alternativas, decidimos subir en el teleférico de Les Houches, que acaba en algún punto del recorrido del tren, y desde ahí tirar para arriba. Viendo como estaba la cosa, desde aquí yo ya me conformaba con llegar al refugio…

En fin, que allá que nos vamos al teleférico. Desde aquí nos esperan unos nueve quilómetros y más de dos mil metros de subida.

Lo que tiene improvisar las cosas sin tiempo es que luego te das cuenta de que hay mejores alternativas, cuando ya es demasiado tarde. La ruta que cogimos para subir a la estación de Nid d’Aigle no era la mejor, pero qué sabíamos entonces, pobres de nosotros.

Desde el teleférico seguimos un poco adelante, hasta la estación del tren de Bellevue, luego otro poquito más, y enlazamos con el camino que seguiríamos hasta el Nid. A la izquierda y todo para allá. Pero si justo al salir de la estación del teleférico hubiésemos cogido un camino que salía a la izquierda, habríamos andado menos, y habríamos hecho menos desnivel. Ay...

Cuando tienes que subir tanto, y el camino no hace más que bajar, malo. Todo lo que bajas luego hay que subirlo, además del desnivel que sabes que te vas a comer, y al principio, nuestro camino baja bastante. Luego empieza a llanear y más tarde sube sin pausa. No se lleva mal, está bien marcado, bien señalizado y es cómodo. Pero vas acumulando y pasa lo que pasa.

Hasta el Nid d’Aigle tardamos unas tres horas. Allí paramos un rato para comer algo y para comprobar que el tren estaba realmente cerrado. Mientras subíamos lo vimos pasar, allá por lo alto, y se nos llevaban los demonios. Pero imaginamos que eran obreros. Efectivamente, estaba cerrado. Menos mal…

Este es el punto inicial de la ruta normal. El camino es fácil. El sendero está marcado y con buenas condiciones meteorológicas no tiene ninguna dificultad.

Al rato llegamos a la cabaña des Rognes, que no sé bien si era un refugio sin guardar o qué. Eso parecía.

En este punto se gira a la derecha y se encara la parte más vertical. El camino empieza a subir más, aparece la nieve (cuando fuimos nosotros, claro; en otra época, a saber), y la cosa se pone más divertida.

Aguantamos un poco sin crampones porque el camino es fácil y la nieve aún escasa, pero al poco rato ya cubre todo el sendero y nos los ponemos. Aún vemos a mucha gente sin ellos, lo que es un poco ridículo. Por este camino no hay peligro ninguno, de momento, pero se nota la diferencia entre la comodidad de andar con los crampones y el engorro de dar pequeños resbalones a cada paso. Más esfuerzo y más molestias. Como siempre pienso en estos casos: allá ellos.

Durante toda la subida aparecen a la izquierda las torres del Aiguille du Midi, a lo lejos. Nunca me han gustado las construcciones en las montañas, pero hay que reconocer que esas tienen una pinta brutal. Ya iremos uno de estos días a echarles un vistazo.

Después de la subida, siempre bastante cómoda, llegamos a las inmediaciones del refugio de Tête Rousse, y al primer glaciar. De los problemas de la subida no sabía qué me preocupaba más, si los pasos por los glaciares o el paso por la Bolera.

Desde luego este primer glaciar no tenía nada de peligroso, o esa es la impresión que me dio. De hecho, si no sabes que es un glaciar ni te enteras. Se cruza por la parte más alta, así que en principio hay menos problemas, y además está tan cubierto de nieve que parece una simple ladera nevada. Claro, por debajo puede haber de todo, pero psicológicamente tranquiliza una barbaridad. Ni encordamientos ni problemas ni nada de nada. Anduvimos un rato y lo cruzamos enseguida.

Justo después del glaciar llega el segundo problema, que me había quitado bastante el sueño: la famosa Bolera, el Grand Couloir, un corto paso en el que dicen que no paran de caer piedras. De ahí el nombre. Es que los españoles somos muy chisposos.

Con tanto como había leído, y con tanto vídeo que había visto, estaba bastante asustado por este paso. No sabía con qué nos íbamos a encontrar ni cómo íbamos a pasarlo. Y luego… vaya decepción. Ni una piedra caía, oye. Pero ninguna. Claro, en el fondo es mucho mejor así, pero después de todo lo que me había imaginado… Como que me esperaba algo más peligroso y me decepcionó un poco. Lo pasamos andando tranquilamente, sin ningún contratiempo.

Obviamente con otras condiciones esto tiene que ser mucho más peligroso, pero con la nieve recién caída las piedras debían de estar bien agarradas.

Y ya solo falta la trepada por la arista de Goûter. Un incordio, la arista de Goûter. Las trepadas no son difíciles, pero son muy incómodas. Tal vez sin nieve, o con más nieve, habría sido menos cansado, pero subir todo eso, unos quinientos metros, con ese terreno mixto que nos encontramos, es un verdadero engorro.

Pero no quedaba otra, así que sin prisa pero sin pausa vamos subiendo.

En algún punto de la subida, ya más por arriba que por abajo, hay un par de zonas con cadenas y pasamanos para ayudarse un poco. Había leído por ahí no sé qué de que era una vía ferrata. En absoluto. Son ayudas para agarrarse y nada más. Ni vía ferrata ni nada que se le parezca. A pesar de ello, bajaba bastante gente usando las cadenas como si lo fueran, con disipadores o inventos similares, arriesgándose a que en caso de caída el costalazo fuera importante. Eso no es una vía ferrata, así que no hay que usarlo como si lo fuera.

Pero como siempre, allá cada cual con su pellejo.

Otra cosa mala de la subida es que no vemos tres en un burro. Desde la Bolera hay tanta niebla que no alcanzamos a saber a qué altura estamos. Durante toda la trepada se pueden ver los refugios allá en lo alto, al borde del precipicio, con lo que te puedes hacer una idea de por dónde vas y cuánto te falta, pero de esta manera no tienes ni idea, y mentalmente eso no ayuda en absoluto.

La subida se hizo eterna, pero al final llegamos al refugio antiguo. Las vistas tienen que ser pasmosas, pero no vimos más que niebla.

Desde allí hasta el refugio nuevo es un paseo. Llegamos muy tarde para cenar, pero aun así nos pusieron la comida. ¿Por ser buena gente? Es posible. También es posible que no quisieran renunciar a los 30€ por cabeza que te sablan por cenar. Total, con calentar la sopa, listos.

Agua no incluida, claro. Botella de litro y medio, seis euros. Agua en los lavabos, olvidaos.

Aparte del atraco, el refugio está muy bien, la verdad. Cómodo y agradable. Literas con separación entre unas y otras, incluso.

Lástima el dolorcillo de cabeza que me impidió dormir la mayor parte de la noche. Cosas de la altitud.

Y eso es todo, hasta aquí llegamos. Yo me di por satisfecho con haber llegado al refugio, dadas las circunstancias. Entre unas cosas y otras subir más era imposible, por lo menos para mí, y aparte de todo veía complicado hacer cima y llegar a tiempo de coger el último teleférico, lo que implicaría bajar a pie más aún. Mmmm, casi que no. El año que viene, tal vez.

El día siguiente amaneció con un mar de nubes impresionante. Una locura de vistas hacia abajo. Hacia arriba preferíamos no mirar, porque la cima se ve al alcance de la mano y da rabia. Una lástima, pero no se puede ganar siempre.

La bajada fue mucho mejor que la subida. Más rápida y más fácil. Esta vez no había niebla y la diferencia es enorme. La Bolera igual de decepcionante que el día anterior, cosa que por una parte se agradece, pero por otra... Vaya chasco.

Está claro que todo esto depende de las condiciones en las que se encuentre la montaña. Con las que hubo estos días, me pareció todo mucho más sencillo de lo que me imaginaba. Si no hubiera sido por las circunstancias, imagino que alcanzar la cima no habría supuesto mayor problema. Pero estas cosas nunca se saben.

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