Balcones de Anayet al Anayet (V+, 350m, 12L, D+), Anayet (2.574m) y Vértice de Anayet (2.555m) desde Aparcamiento de la Estación de Esquí de Formigal (1.760m)

Tiempo Total 11 horas 50 minutos
Distancia 14,77 km
Altitud Máxima 2.577 m
Altitud Mínima 1.758 m
Desnivel Positivo Acumulado 1.151 m
Desnivel Negativo Acumulado 1.151 m
Regiones HuescaAragónEspaña

Después de la larga jornada del día anterior escalando la Arista SE al Palas habíamos dormido como angelitos en el Aparcamiento de las Pistas de Esquí de Formigal. Tanto que o el despertador no sonó o no lo oímos, así que salimos algo más tarde de lo planeado, ya totalmente de día.

Para aproximarse a la vía hay que tomar las pistas de la estación valle arriba hasta llegar al Puerto de Canal Roya, donde se dejan para avanzar por suaves praderas hasta llegar a La Rinconada, por las paredes que caen hacia Canal Roya. Primero atravesando una pedrera y luego continuando por las paredes sin perder mucha altura por una zona que en invierno lleva a las cascadas de hielo y es muy propensa a avalanchas.

Algo antes de llegar a las cascadas una sirga instalada en un paso vertical da acceso a la meseta superior, donde se encuentran los Ibones de Anayet. La sirga ayuda, pero el paso sirve de buen calentamiento para la posterior escalada.

Ya en la meseta hay que continuar hacia el Oeste, de nuevo por cómodas praderas que suben y bajan, hasta llegar a la base de la cara Sureste del Anayet. Remontando una última pedrera se llega al inicio de la vía, marcada con un disco azul.

La vía comienza con un largo vertical sin ninguna complicación reseñable, que sirve de segundo calentamiento tras el de la sirga. Los dos siguientes largos se pueden empalmar llevando cuerda larga (nosotros llevamos dos dobles de 60 metros) y son muy sencillos, casi de trepada, llegando al largo que da la dificultad a la vía. Este largo discurre por la parte derecha de un curioso triedro. Tras varios metros de pared hay que echar mano de los agarres en una placa que sube por la izquierda. El primer tramo no es tan evidente, aunque una vez en él los agarres son buenos y se sube bien. El tramo está protegido por un par de parabolts con unas cintas amarillas atadas, que debo decir que más que ayudar estorban, ya que instintivamente se te va la mano a ellas. De hecho, esta fue la primera vez en mi vida que eché mano de una cinta, instintivamente más que por apuro, algo que me remordió el resto del día. Pero en fin, una vez pasadas estas cintas el resto del largo está plagado de buenos agarres.

Desde esa reunión hasta la cima la vía es una sucesión de largos de escasa dificultad. Salvo en un par de puntos concretos donde hay que salvar algún pequeño desplome con excelentes agarres, de nuevo se trata casi más bien de trepar, disfrutando muchísimo por el gran ambiente. La vía finaliza a escasos cinco metros de la cima.

En la cima hacía muchísimo calor, así que nos entretuvimos lo justo antes de bajar por la vía normal de subida al Anayet, que está muy sucia de piedrilla y arena, lo que hace que haya que bajar con precaución hasta llegar al paso de la cadena. Este paso en verano se atraviesa con mucha más facilidad que en invierno, aunque siempre requiere precaución porque un resbalón allí es mortal.

Después de la cadena un senderito zigzaguea hasta el Cuello de Anayet rodeando los bloques de característica piedra rojiza. En el collado Alfredo continuó hacia los ibones y yo dejé la mochila y subí al Vértice de Anayet, que tenía pendiente de una ascensión anterior.

La subida al vértice desde el collado sigue la arista del monte por un pequeño sendero sin más complicación que el desnivel a ganar de nuevo con el calor sofocante del día. Desde el vértice hay unas preciosas vistas al Anayet con el omnipresente Midi d’Ossau al fondo.

Tras el pequeño desvío volví al collado, recogí la mochila y bajé siguiendo el sendero hacia los ibones, por un camino muy cómodo, hasta encontrarme con Alfredo en uno de ellos. Luego continuamos por la meseta hasta la sirga del inicio, que destrepamos sin complicaciones, desansando después el camino de ida por La Rinconada hasta llegar al Puerto de Canal Roya, y de ahí por las pistas poco a poco y con calma, soportando el calor, hasta llegar de vuelta al aparcamiento. Al terminar, repetimos hamburguesa y cervezas en Formigal antes de partir para casa.

Una jornada larga y calurosa para disfrutar de una preciosa vía de escalada sin excesiva dificultad, muy bien equipada y en un entorno impresionante. Imprescindible.

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