Pico Culillas (1.805m) desde Mansilla de la Sierra (947m)

Tiempo Total 3 horas 27 minutos
Distancia 11,72 km
Altitud Máxima 1.799 m
Altitud Mínima 954 m
Desnivel Positivo Acumulado 941 m
Desnivel Negativo Acumulado 924 m
Regiones La RiojaEspaña

En medio de unos días con bastante poco tiempo libre anduve buscando alguna salida para hacer durante unas horas por la tarde y me decidí por esta, que básicamente arranca desde el bonito pueblo de Mansilla de la Sierra cuesta arriba en dirección al Pico Culillas, superando un considerable desnivel en línea recta y sin apenas respiro.

Para llegar a Mansilla de la Sierra desde Logroño se pasa primero por la presa del Embalse de Mansilla. El entorno desde allí y hasta el pueblo es espectacular, o al menos así me lo parece a mí, tal vez porque tenga cierta predilección por los embalses. Pero lo cierto es que toda la zona invita a pasar unos días por los alrededores con una tienda de campaña, disfrutando de la paz que sugiere un paisaje de montaña bañado por las tranquilas aguas de un pantano.

Una vez en el pueblo una pista que enseguida hay que dejar asciende sin piedad monte arriba por la amplia cresta formada entre las cuencas de los ríos Gatón y Cambrones. Es una ascensión continua y en pronunciada pendiente que sin embargo resulta bastante cómoda, ya que discurre por un robledal lo suficientemente tupido como para dar buena sombra sin necesidad de andar buscando huecos por los que avanzar.

Tras una media hora de ascensión una primera cota permite dar un respiro a la vez que ofrece ya las primeras vistas de la montaña, cuya silueta aparece de repente, imponente y todavía muy lejos y muy arriba. Sin embargo, el hecho de tenerla justo enfrente, sin obstáculos importantes entre medio aparte de la distancia y el desnivel, invitan a aceptar el reto sin demasiada preocupación.

Aunque era un día caluroso y subí en plena tarde, las arboledas que aquí y allá iban dando sombra al camino y el hecho de ascender por el filo de una ancha y en general despejada cresta permitían disfrutar de una ligera brisa que a medida que ganaba altura iba incluso volviéndose algo fresca.

Más adelante, después de perder algo de altura para superar un pequeño collado, la pendiente se vuelve a pronunciar y no queda más remedio que adentrarse en un pequeño bosque de arbusto que constituye la parte más molesta del recorrido. Durante todo este tramo es necesario armarse de paciencia para ir apartando el arbusto mientras se asciende más lentamente y con más esfuerzo.

Pero pasado este pequeño bosque el terreno se abre totalmente y la vegetación alta desaparece, dando paso a un encantador paisaje que poco a poco se vuelve más rocoso y atípico, por donde ya es más sencillo avanzar aunque la pendiente siga constante.

Unas cuantas cotas más, algunas más rocosas, otras provistas de enormes hitos, van marcando poco a poco el camino hasta la cima, por un terreno que a mí personalmente me resulta mucho más entretenido, teniendo casi que usar las manos en algún momento mientras se pasea a veces por pequeños tramos de afiladas lajas, todo ello por supuesto evitable.

Y así, absorto en mis pensamientos y disfrutando de este inusual paisaje, llegué a la cima casi sin darme cuenta, tal vez porque el cuerpo andaba falto de ejercicio. Una cima con un buzón que fue colocado precisamente por el Club de Montaña Bilibio de Haro, al que he pertenecido varios años.

Desde la cima las vistas están totalmente despejadas y se puede admirar todo el recorrido realizado, y todo el Embalse de Mansilla, aunque no el pueblo. Hacia el Norte la amplia cresta continúa ascendiendo hasta llegar al Salineros, desde donde se puede completar el cordal, ya por encima de los 2.000 metros, y alcanzar el mismo San Lorenzo.

Pero hoy tocaba descender, más bien trotando para hacer la bajada algo más llevadera, pasando de nuevo por todas esas bonitas formaciones rocosas haciendo un poco de malabarismo para llegar enseguida al bosque de arbusto, que al bajar no me pareció tan frondoso ni tan desagradable, y algo después girar a la derecha para salir de la cresta y bajar directamente hacia el fondo del barranco por el que discurre el Río Gatón.

Una vez a la altura del río continué paralelo hacia su desembocadura, cambiando de orilla en un par de ocasiones en un tramo en el que no hay sendero pero por donde se hace evidente la dirección a tomar, hasta que más adelante ya aparecieron poco a poco unas trazas que se fueron convirtiendo en un cómodo sendero por el que llegué sin complicaciones y con el cerebro desconectado hasta la carretera que lleva de vuelta a Mansilla de la Sierra.

Echando desde el puente una última mirada atrás disfruté también allí de las preciosas vistas, pudiendo observar todavía el Pico Culillas imponente en la distancia antes de continuar por un breve tramo de asfalto que lleva al pueblo y de ahí al punto de partida.

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