Torre (1.993m) desde Loriga (770m)

Tiempo Total 5 horas 55 minutos
Distancia 22,3 km
Altitud Máxima 1.999 m
Altitud Mínima 792 m
Desnivel Positivo Acumulado 1.380 m
Desnivel Negativo Acumulado 1.358 m
Regiones Portugal

Después de haber visto fotos de la cima, plagada de edificios y remontes de la estación de esquí, esperaba una ascensión larga por un paisaje árido, tal vez por una aburrida pista de tierra.

Pero ya desde el principio, saliendo del pequeño pueblo de Loriga por empinadas pendientes, la ascensión resulta muy interesante. El camino, muy bien señalizado, va ganando altura poco a poco y sin descanso para adentrarse en la sierra primero por bosque y luego por la parte izquierda del Valle de Loriga, donde se convierte en un auténtico sendero de montaña con preciosas vistas.

Este sendero más adelante llega a un circo donde el valle se ensancha y deja de ganar altura durante un tramo. Aquí el paisaje se transforma en bonitas praderas con ruidosas cabras pastando y unas espectaculares formaciones rocosas a los lados. Al final del circo la pendiente aparece de nuevo y el sendero serpentea algo más hasta llegar a la Presa Covão do Meio, en esta época sin una gota de agua.

Hay que atravesar la presa por su parte inferior y subir unas escaleras para alcanzar la parte superior, desde donde se rodea el embalse por el Norte para ir poco a poco tomando dirección Sur en lo que podría ser la tercera parte de la ascensión, ya que el paisaje aquí vuelve a cambiar totalmente. En este tramo y ya hasta llegar a la cima la pendiente es más suave y el sendero discurre por lomas más herbosas pero todavía con roca, atravesando pequeñas y preciosas lagunas. De nuevo un paisaje idílico.

Poco a poco se empiezan a distinguir los remontes a lo lejos y el sendero va cambiando de dirección hacia el Este para superar unas cuantas lomas más hasta divisar un par de observatorios abandonados en la cima. Al acercarse algo más otros edificios se hacen visibles, algunos abandonados, otros nuevos. Hay incluso un centro comercial.

Atravesando el centro comercial y los observatorios se llega a una rotonda con un monolito en el centro que marca el punto más alto. Al monolito no se puede subir. Desde aquí se divisan las telesillas de uno de los remontes a un lado, un edificio de alquiler de material de esquí al otro, y el centro comercial a un tercero. Una de las cimas más pobladas de edificios en las que he estado.

Además, hasta allí se puede llegar en coche, y había ya a primera hora de la mañana algo de movimiento cerca del centro comercial, e incluso algunas autocaravanas aparcadas. Las vistas desde la cima no son gran cosa y hacía algo de viento frío pese a ser un día estupendo de agosto. No quiero pensar cómo debe ser este lugar en invierno.

Para descender de la cima hay que desandar todo el itinerario de subida, que aunque largo, no se hace nada pesado al bajar.

Todo el camino está muy señalizado con marcas amarillas y rojas en algunos tramos y mojones en otros. La cima está repleta de mojones sin sentido por todas partes, seguramente de esquiadores que se ha entretenido colocándolos. Pese a las señales, en un par de tramos tuve que volver atrás por despiste, ya que hay que cambiar de dirección y dejar el sendero principal. Estos desvíos están marcados en el track.

Una salida muy bonita, una pequeña sorpresa en la que la recompensa no es la cima, que no tiene demasiado interés, sino la ascensión en sí por todo el valle hasta llegar a ésta, con impresionantes paisajes y un recorrido muy cómodo.

Notas

  • Al llegar al pueblo y salir de la carretera para buscar el parking, se podría aparcar justo al lado de la carretera en lugar de bajar hasta abajo, ya que todo esto luego hay que subirlo después, aunque en el parking hay un bar de té y una fuente.
  • En Loriga no encontré alojamiento, pero sí a 45 minutos en una aldea llamada Aldeia das Dez en Oliveira do Hospital. En esta pequeña aldea hay un sorprendente hotelito llamado Plano5, de decoración modernista e industrial, con una terraza donde sirven tapas. Todo allí es espectacular. Una preciosa e impoluta habitación, una cocina exquisita, y un amable trato del personal. Todo un descubrimiento muy sorprendente y un lugar que merece mucho la pena visitar.
  • Salí a las 5:30 de la aldea para evitar las horas de calor e incluso tuve que ponerme una chaqueta al llegar al circo por el viento fresco.

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